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Entrevista

Orfebre relata su trabajo con las mujeres tras crímenes que conmovieron a Chile

Por D.M. y C.S. 10 Dic, 2019

Todos los viernes, siete reclusas involucradas en mediáticos casos –varias de ellas condenadas a cadena perpetua- pasan ocho horas haciendo joyería junto a Lupe Pareja. “Cuando llegué y vi esas caritas contentas porque van a hacer algo nuevo, se me olvidó absolutamente quiénes son y por qué están ahí”, cuenta.

Orfebre relata su trabajo con las mujeres tras crímenes que conmovieron a Chile

La orfebre Lupe Pareja Castañeda pasa todos los días viernes en el Centro Penitenciario Femenino de San Joaquín. Ahí, desde hace ocho meses, desarrolla talleres de orfebrería a siete mujeres privadas de libertad por crímenes de alta connotación pública, varias de ellas condenadas a cadena perpetua.

Entre esas alumnas figuran algunas protagonistas de los crímenes más mediáticos de la última década, que generaron coberturas de prensa especiales que siguen actualizándose hasta hoy.

El programa, que comenzó como iniciativa de la Fundación Prodemu, debía durar sólo un mes. Cuando se cumplió esa fecha, hubo una pequeña graduación y ese era el gran final. Pero tanto las internas -al igual que Lupe- quedaron con ganas de más. Por eso, la orfebre decidió hacer las clases gratis «y gracias a la Fundación Prodemu y el apoyo de Abriendo Puertas, tuvo los recursos para costear los materiales. Ahora llevan ocho meses juntas, ocho horas cada viernes y crearon una colección de joyas propia.

“Si alguna de ellas logra salir, va a tener su oficio para ganar plata, porque son muy buenas orfebres”, cuenta orgullosa.

¿Cómo fue el primer acercamiento con estas mujeres?

Fue bien extraño, porque yo sabía que todos los casos de ahí son de alta connotación pública y emblemáticos. Me preguntaba si resultaría, si les interesaría el taller, porque no sabía cómo eran ellas. Entonces, dos semanas antes de que partiera el taller fui a contarles. Ese día estaba nerviosa, porque había visto sus historias por la televisión y pensaba ¿cómo me van a recibir?, ¿voy a tener miedo? ¡Y nada! Cuando llegué y vi esas caritas contentas porque iban a hacer algo nuevo, se me olvidó absolutamente quiénes son y por qué están ahí. Sólo me interesaba si aprendían, si les gustaba, si se podían expresar a través del metal, y al final descubrí que eran maravillosas orfebres. Además son personas muy cariñosas, cercanas, agradecidas, me van a dejar afuera, me abrazan, me llaman por teléfono.

¿Cómo se han expresado?

Lo primero que hicimos con Prodemu fue un taller de escultura en aluminio de cuatro sesiones. Las internas modelaban un corazón, el corazón más propio de la mujer chilena que sufre. Ellas armaron el corazón y después lo decoraron. Yo les llevé diferentes elementos que podían servirles a ellas para hablar de su historia y a través de él cada una contó su vivencia. En el taller partimos hablando de arte y cultura, y al final terminamos hablando de la vida real, de cómo había sido su historia y por qué estaban privadas de libertad, la mayoría con cadena perpetua. Entonces ahí se empezó a hacer un nexo, escuchando las historias y empatizando porque -más allá de lo que haya pasado- es imposible no empatizar con una mujer que te está contando su dolor, su vida. Ahí nace la empatía y el querer aportar de afuera, de lo que uno es y de lo que uno ha logrado.

¿Cómo es tu relación con las internas?

Las veo más a ellas que a mis amigas… Ellas son mis amigas. Sé de sus condenas, de sus familias, de sus aprensiones, de sus necesidades, conozco a sus hijos, a sus abogados. Afuera te cuentan millones de cosas, está el mito de que son violentas, que son todas psicópatas. Yo en todo este tiempo no lo he visto. Trabajamos todas juntas en una mesa central y ese día todos los problemas que puedan tener quedan fuera, porque tienen que conversar, tienen que compartir las herramientas, tienen que preguntarse cosas.

¿Alguna vez sentiste miedo?

Para mí es un premio estar ahí. Para mí nada es al azar y si yo estoy ahí es porque tengo las capacidades para estarlo y aportar, sin tener miedo. Creo que a veces ellas tienen que inventarse una nueva historia de su vida para poder seguir viva, como todos adornamos nuestra realidad. Pero también he visto que sus versiones de los hechos son distintas a lo que los medios dicen. En todos los casos creo que fueron juzgadas de un punto de vista muy masculino, especialmente cuando se trata de defensa por violación o por violencia. No desconozco las razones por las que están ahí, pero también creo que hay matices de por qué sucedió lo que sucedió.

¿Qué tipo de joyas hacen?

Todas tienen una forma particular de expresarse, que conmueve mucho. Yo les mostré distintas técnicas y cada una eligió con cuál se sentía más cómoda y rendía mejor. Casi todas están haciendo joyería étnica de distintos lugares, con un nivel muy alto, algo que es impresionante de haber logrado en tan poco tiempo y sin todas las herramientas, porque no nos dejan entrar todo (pero sí nos permitieron ingresar varias cosas prohibidas).

¿Cómo les ha ayudado a ellas este taller?

Ellas cuentan que les ha bajado la ansiedad y ha mejorado su autoestima. Que nos sentemos a conversar cosas de mujeres para ellas es algo completamente nuevo. Antes no había comunicación acerca del ser mujer, de aspiraciones, de tonteras, no se les daba como grupo y no tenían a alguien que estuviera con todas conversando, tomando café, comiendo galletas y trabajando.

¿Y cómo ayuda la orfebrería en particular?

Sienten que están realizando una actividad que las conecta con ‘el afuera’; es el único nexo que tienen con la vida que tenían antes. No había nada creativo para ellas, porque estas chicas no pueden ni salir del lugar donde están, que es como una casita dentro de la población penal. No pueden acceder a los espacios comunes, como la biblioteca o el gimnasio. Ahí adentro está su vida completa.

¿En qué trabajan ahora?

Estamos desarrollando una colección que se llama Lotus, por esta flor preciosa, fuerte y colorida que nace del barro. Una de ellas hizo la gráfica y ahora tenemos un timbre y bolsitas de papel. Los venden entre las gendarmes, las visitas, otras internas y existe la posibilidad de venderlas en una feria de Prodemu, y están absolutamente motivadas e inspiradas con ese norte.

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