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ENTREVISTA

Bernardo Abad relata la “minga” que recuperó el patrimonio de Ecuador tras crisis social

Por Lucy Willson 19 Nov, 2019

El presidente de la Comisión de Seguridad de Quito detalla cómo miles de personas en sólo tres días limpiaron y reconstruyeron la capital, en una iniciativa que se replicó de manera espontánea en las otras ciudades de la Sierra afectada por el estallido político.

Centro histórico de Quito.

Tan cercana y sureña para Chile, la palabra “minga” que asociamos de inmediato con Chiloé es un término tan propio y muy cotidiano países de andinos. Y fue el gran concepto que movilizó a Ecuador tras el violento estadillo social que a inicios de octubre y durante una semana protagonizó Quito, crisis que antecedió a la que surgiría días después en Chile.

Se trató de la movilización más violenta en la historia republicana en ese país andino. Como consecuencia, asoló con la infraestructura de varias ciudades incluyendo invaluable daño a patrimonio cultural de la humanidad.

Minga en Quito tras la crisis.

Pero en estos días, las localidades afectadas están impecables gracias a la acción ciudadana en las “mingas”.

El estallido que surgió con el anuncio de varias medidas económicas de parte del Presidente Lenín Moreno para equilibrar finanzas públicas. Entre ellas la que desató la resistencia masiva fue eliminar bajo el Decreto Ejecutivo 883 los subsidios a los combustibles -gasolina y diésel-, algo que se llevaba en práctica cerca de cuatro décadas y que genera gastos al erario ecuatoriano de alrededor de 3 mil millones de dólares al año.

“Desde la primera semana de octubre empezaron las manifestaciones de protesta, que fueron subiendo de nivel y tono. Y se agravaron con el masivo ingreso de indígenas a las ciudades, sobre todo, de la Sierra. Entre ellas Quito, Cuenca, pero también Ambato, Ríobamba, Latacunga, etc.”, nos relata desde la capital ecuatoriana Bernardo Abad, del consejo de la ciudad y nombrado en este momento de crisis presidente de la comisión de seguridad.

Los grupos de protesta entraron especialmente a Quito, concentrándose en los alrededores del Centro Histórico, patrimonio cultural de la Humanidad. Así, llegaron a las cercanías de la sede de gobierno, el Palacio de Carondelet (en corazón del área cultural). “De esa manera empezaron los destrozos y vandalismo”, detalla Abad.

Según el concejal la intención no sólo era que se derogara el decreto de eliminación a los combustibles, sino que derrocar al presidente Lenín Moreno. “Ya desde los días 6 y 7 de octubre era incontrolable la situación. Hasta que el 12 -día simbólico-, según nos revelaron las autoridades de inteligencia, se planificaba tomar la casa de gobierno, la Asamblea Nacional y la ciudad”.

Quito estaba en caos. Coordinadamente trataron de afectar el suministro de energía eléctrica en más de 200 puntos de la capital, bloquearon las entradas y salidas. Y, ese día, incendiaron el edificio de la Contraloría (donde estaban los documentos con la investigación por corrupción en contra del ex mandatario Rafael Correa), también las instalaciones del canal de televisión Teleamazonas e intentaron quemar el diario El Comercio.

Las protestas en la capital.

Ese mismo día Lenín Moreno dispuso el toque de queda desde las 3 de la tarde y el control absoluto del país por parte de los uniformados, especialmente en Quito, donde se dieron los incidentes más graves.

En ese país todavía se habla de infiltrados (Grupo de la Revolución Ciudadana), de manipulación del momento entre los legítimos reclamos indígenas.

“¡Nunca! ¡Nunca en la historia republicana del Ecuador se habían dado manifestaciones tan cruentas, vandalismo y criminalidad!”, relata el concejal.

El 13 de octubre Moreno el presidente Moreno analizó el tema con los dirigentes indígenas y anunció que se derogaba el decreto a los combustibles. En ese momento, la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador desarticularon el paro y regresaron a las comunidades.

Bernardo Abad

Al igual que en Chile, los municipios tomaron el liderazgo de la crisis y recuperación. Y Bernardo Abad, desde Quito, fue quien se convirtió en la voz de la recuperación de las ciudades y patrimonio.

¿En cuánto se calculan los daños en Quito?

Durante los primeros días de las manifestaciones se atacó mucho el Centro Histórico. ¿Y cuánto costó el daño? Un punto de patrimonio el nuestro incuantificable. Los perjuicios fueron en fachadas, calles. Incluso se incendiaron tres edificios patrimoniales, entre ellos una estación de policía. Afortunadamente, muchos de esos focos pudieron ser restaurados tras el levantamiento. El cálculo es cerca de 3 millones de dólares en el Centro Histórico. A eso también se suman otros puntos, como las entradas al Metro de Quito, que se está construyendo. En total, más de 4 millones de dólares. Puede no aparecer como mucho, pero es bastante dinero para los ecuatorianos.

La marcha hacia el centro de Quito.

¿Cómo fue el proceso de recuperación?

El domingo 13 de octubre se transmitió en cadena nacional de radio y TV el acuerdo y diálogo entre el presidente y la Confederación de Nacionalidades Indígenas y se anunció la derogación del decreto. Los indígenas volvieron a sus comunidades y se retomó la paz. Al día siguiente, y por iniciativa espontánea de los ciudadanos de Quito, colegios, jóvenes de universidades y gente independiente salimos a las calles a limpiar las calles. Nos dirigimos, en especial, donde se dieron los mayores enfrentamientos, como la zona de los alrededores de la Asamblea Nacional. En paralelo, el municipio puso la maquinaria para agilizar el despeje. Y ya al cierre de esa jornada del 14 de octubre, gran parte se pudo limpiar porque éramos miles y miles de personas en una actitud muy ciudadana en defensa de nuestro Quito.

¿Y la etapa siguiente de recuperación urbana?

Teníamos que hacer una coordinación mayor para llegar a todos lados y a varios rincones del Centro Histórico. El plan fue que el domingo siguiente (20 de octubre) pudiéramos llegar a esas zonas e ir con camisetas blancas con banderas de Quito. La idea -bajo el lema “Minga por la paz”- era decir: Aquí estamos, este lugar es nuestro, lo vamos a proteger. Lo hacemos en actitud ciudadana y por eso lo vamos a limpiar.

¿Qué es la “minga” para los ecuatorianos?

El término “minga” es una palabra quichua que significa “coordinación”, “unión para trabajar en grupo por un objetivo común”. Entonces, en Ecuador siempre se utiliza la frase Vamos a hacer una minga, que en esta ocasión fue vamos juntos a limpiar, pintar, manguerear y recuperar Quito

Miles de quiteños se encontraron en la en la entrada de la zona norte del Centro Histórico en una marcha que incluyó bandas de música, funcionarios agentes metropolitanos, bomberos. Los grupos se iban dividiendo en distintas tareas y haciendo de todo.

Los trabajos ciudadanos también se replicaron en la patrimonial Cuenca.

Impulsados por lo que pasaba en Quito, en otras ciudades de altura y con patrimonio de la humanidad también afectado, como Cuenca, también salieron a las calles de manera espontánea a arreglar adoquines, limpiar fachadas y sacar los escombros de las calles. Hasta se hicieron virales canciones que unían a sus artistas jóvenes para animar a la labor comunitaria.

¿Qué significó para la ciudadanía ese momento comunitario?

El foco estaba puesto en levantar el ánimo y la moral. Porque los bienes materiales se pueden recuperar de una u otra forma. Lo más difícil es retomar los valores, autoestima, la unión y el tejido social. Por eso esta acción fue tan importantísima, ya que lo logramos.

¿Qué heridas quedaron en la comunidad quiteña, conocida por ser muy pacífica?

Si bien no fue tan fuerte como que ustedes están pasando en Chile, para nosotros fue impactante estar encerrados en nuestras casas. Atacaban domicilios y bienes privados, públicos y patrimoniales. Cuando hicimos esta minga quisimos demostrar que la gente pro ciudad es más. Y lo hicimos. Poco a poco hemos ido recuperando nuestra autoestima. Lo hacemos con cuidado. Estamos manejando muy delicadamente la situación. Estamos dejando el miedo atrás. Con nerviosismo todavía, pero con firmeza.

¿Cómo unificar a la gente en un momento de tanta dicotomía de posiciones?

La mayor parte de la población va a querer la paz, tranquilidad y democracia. Y, obviamente, los que estábamos liderando esto lo logramos. Tratábamos de aplacar los ánimos.

¿Qué lecciones sacan de esta grave crisis social?

Debemos detectar las causas estructurales de la protesta. Segundo, identificar quiénes se infiltraron en una manifestación justa. Esta crisis nos ha dejado buenas lecciones: conocer al vecino, conectarnos con nuestro entorno. Esa es la única forma en que podamos organizarnos.

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