Cerrar
Cerrar publicidad
Cerrar

Entrevista

Antropóloga Patricia May y el estallido social en Chile: “El colapso lleva a las personas a buscar un sentido”

Por 24 Oct, 2019

La autora de De la Tierra al Alma sí vio venir el movimiento social que ha estallado en todo Chile. "Hay una trama viviente de personas que están queriendo encontrarse y es muy importante que trabajen su actitud para poder escucharse, porque no es fácil. Los seres humanos tendemos a encasillar al otro y nos relacionamos con su etiqueta", asegura. ¿Qué viene ahora? Acá, nos cuenta.

Antropóloga Patricia May y el estallido social en Chile: “El colapso lleva a las personas a buscar un sentido”

La reconocida antropóloga chilena Patricia May se encontraba en plena promoción de su nuevo libro, De la tierra al alma (Ediciones Urano), cuando Chile salió a las calles. Y ella, trabajando con personas por más 30 años en Escuela del Alma (junto a su marido Sergio Sagüez), sí lo vio venir. De hecho, asegura, que su última publicación está muy conectado con lo que estamos viviendo actualmente.

“El libro plantea la cultura del ego, que significa exclusión y separación, que es lo que se está quebrando”, le explica a Mujer Dínamo. “En este momento propone justamente transitar a otra cosmovisión, que yo llamo cultura del alma. Esto consiste en conectar con la red biológica, espiritual y emocional que nos pone en contacto con el planeta y con todos los seres. Eso tiene que estar en la base de un nuevo entendimiento y una nueva cultura social”.

¿Cómo podemos entender el estallido social que se dio en Chile?

Es imposible definirlo porque viene de muchas partes. La cultura del ego y del estrés nos separa, es individualista y materialista y perdemos la conexión con nuestra naturaleza personal, con el cosmos, con el planeta y se rompe totalmente el tejido social. Yo me alegro mucho de lo que está pasando -obviamente no de las muertes ni de la violencia de lado a lado-, pero como fenómeno de despertar. Yo creo que de verdad Chile está despertando y lo está haciendo de una manera súper interesante: las protestas surgieron al mismo tiempo en todas partes y eso es un fenómeno de la nueva era en que las cosas se dan porque circulan en la red.

Hemos escuchado mucho que esto “no se veía venir”. ¿Es tan así?

Yo lo veo venir hace más de 20 años. No me imaginaba la manera, pero sí que había a nivel personal, sicológico y social una energía que estaba sobresaturando al ser humano. Yo he visto por décadas cómo el colapso lleva a las personas a buscar un sentido.

¿Por eso fue tan fuerte la explosión?

Este proceso social es el mismo que veo en personas que estallan porque se ven presionadas en su manera de vivir, en su falta de sentido. Ahora está pasando a nivel colectivo y eso es lo que me alegra: es como que hubiéramos llegado a la saturación total. A mí me parece que esta extrema tensión juega a favor del cambio, como cuando una olla a presión se aprieta, se aprieta, se aprieta y de repente tira el humito.

¿Qué viene después de que empieza a salir el humo?

Hoy sentí una brisa de esperanza. Siento que hay una conversación colectiva, un anhelo de escuchar al otro. Hasta en la televisión abierta estamos viendo a un Chile profundo, uno que no se suele ver en los medios. Antes de resolver, primero tenemos que vernos. Y creo que se están generando -y esa es la luz de esperanza- iniciativas positivas y que estamos dándonos cuenta de que necesitamos escuchar. Curiosamente, los que tienen la actitud correcta no son los que tienen en este momento el liderazgo del país, porque ¡pucha que han dado espectáculos tristes muchos de ellos! Hay una trama viviente de personas que están queriendo encontrarse y es muy importante que trabajen su actitud para poder escucharse, porque no es fácil. Los seres humanos tendemos a encasillar al otro y nos relacionamos con su etiqueta: de derecha, de izquierda, facho, delincuente. ¡Estamos llenos de etiquetas! Comunicarnos es súper difícil si yo no hago un trabajo en mí mismo de tomar conciencia de esas etiquetas, de la emoción o el rechazo que me pueden producir. Pienso que lo que pasó en el Senado tiene que ver con eso: ahí ya no hay relación entre seres humanos, son etiquetas que pelean entre ellas, y al ser humano real ya no lo escucho. 

¿Cómo podemos avanzar hacia delante?

La única manera de que podamos llegar a una mirada país es que abandonemos las pasiones extremas de lado y lado. Si yo sigo en mi ortodoxia y el otro sigue en la suya no nos vamos a poder conectar, es imposible. En este momento es muy importante no culpar a los demás -a tal Presidente, por ejemplo-, porque buscar afuera es la manera que evadimos nuestro propio rechazo y responsabilidad.

¿De qué manera podemos enfrentar la situación que vemos en las calles y en los medios para cuidarnos?

Al cuidarnos a nosotros mismos estamos cuidando a toda la red, porque si yo estoy bien, no voy a twittear algo agresivo. Eso creo que es lo que le ha pasado a la gente pública, que está tan fuera de sí que de repente tienen reacciones que, si las pensaran un poco más, no las tendrían. Por eso no hay que condenar. Yo lo que sugeriría es informarse y abandonar la cosa de estar todo el día con la televisión prendida. Conectarse con iniciativas creativas y sentir que hay algo positivo desde donde uno está, como por ejemplo llevando a otros en su auto o juntarse con amigos para conversar sin discutir. Aconsejaría conectarse con cosas que, dentro de esta línea, son constructivas, no seguir dándole a la ira, la destrucción. Empezar a equilibrar la vida entre estar conectado y haciendo, y darse tiempo para relajarnos, estar con nosotros, salir a pasear y ver cómo se mueven las hojas de los árboles, cosas que nos produzcan paz.

El libro 

De la tierra al alma plantea que somos hijos de la tierra y del cielo. ¿Hemos ido perdiendo esa conexión?

¡Totalmente! El ser humano hoy, por múltiples cosas incluyendo el exceso o la adicción a la tecnología, es una persona súper alienada de sí mismo. Imagínate que somos alienados de cosas tan básicas como saber cuándo nos cansamos o la necesidades más básicas de nuestro cuerpo y nuestra emoción, porque siempre estamos funcionando, corriendo, conectados a mil. Entonces nos desconectamos de nosotros, de un sentido. Creo que el ser humano ahora, fundamentalmente, funciona, sobrevive. Tenemos que aprender a ubicar la tecnología en el lugar correspondiente.

¿Es una consecuencia del mundo actual que nos hayamos desconectado?

Ese es el camino humano: perderse a sí mismo para volver a encontrarse en una conciencia mayor, en una persona más integrada. No es que esté mal el proceso, ni siquiera el individualismo del ego está mal. ¡El ego es parte del trayecto humano! Lo que ocurre es que estamos en el momento evolutivo a nivel colectivo en que ya es necesario dar el paso hacia volver a conectarnos. De alguna manera, esta desconexión y separación de la red viviente y nuestro centro interior, ya es regresiva. Está súper bien que un adolescente sea impulsivo y se deje llevar por sus emociones, pero ya cuando se tiene 40 años ya no está tan bien. Eso es lo que está pasando.

¿La gente está más consciente de la necesidad de reconectar y ‘bajar la máquina’?

Recién estamos en las medidas externas de esto. Yo sueño con un tipo de sociedad en que la vida y el ritmo de vida sea mucho más armónico, en que haya conexión con la naturaleza, con las comunidades humanas y con la tecnología, y con seres humanos conectados con el sentido profundo de vivir. Algunas sociedades modernas han perdido la espiritualidad, son ultra racionalistas, escépticas, rígidas y programadas para que todo funcione bien. Entonces el ser humano pierde la conexión con su ritmo natural, con su capacidad de gozar, con la emoción y la sensación, con su cuerpo y con su aspecto espiritual. Yo tengo esperanza que desde esta zona del mundo pueda generarse algo nuevo. Nosotros tenemos una tremenda ventaja, porque tenemos culturas ancestrales vivientes.

Aun así muchas personas viven sin esa parte espiritual. ¿Es importante?

Es fundamental. Tenemos que redefinir lo que es lo espiritual, porque tiene mala fama. Los movimientos espirituales new age han tendido a un gran egoísmo, a que el ser humano busque estar bien, armónico, respirar profundo, pero sin conectarte con hacer una transformación social. Una persona que abre su conciencia a la conexión, eso es lo espiritual. Sentir que dentro de mí algo está sereno, pleno, lleno de sentido. Si eso no es para dar colaborar y servir, estoy en el camino incorrecto.

¿Cómo podemos conectarnos con lo espiritual?

Básicamente es muy simple: dando espacio para la quietud no sólo exterior, sino la quietud de la mente. El ruido más importante de todos y el que más nos altera -más que el de la ciudad- es la contaminación mental. Este es un trabajo que requiere esfuerzo, persistencia y que nadie te lo va a regalar. Es a largo plazo pero el gran viaje empieza con un solo paso. Tendría que comenzar dándome esos espacios, conectándome con algunas técnicas que ayuden aquietarme y relajarme para ir descubriendo que detrás de todo el ruido de mi mente hay algo quieto, sereno, libre y sabio.

La gente suele decir que no tiene tiempo para eso…

La primera resistencia a meditar es el “no tengo tiempo”, porque siempre es más útil cualquier otra cosa -ir al supermercado, ordenar el closet, contestar mails o incluso ver una serie- ya que tienen resultados externos. Y por otro lado, nos sentimos culpables. Hemos generado una cultura de culpa cuando no estamos produciendo algo visible. Uno tiene que tomar conciencia de esa resistencia e irla trabajando porque va a estar apareciendo siempre.

En todo el mundo se han generado movimientos por el cuidado del medio ambiente. ¿Es eso una señal de que queremos volver a conectarnos con la naturaleza?

Totalmente. Esto ya comenzó hace años, pero ahora son unos círculos concéntricos que van llegando al centro del planeta y eso produce esperanza. Que tengamos que reformar esa estructura central y comenzar a ver cómo lo hacemos para que sea más coherente con los anhelos humanos, me parece fantástico. Y las nuevas generaciones, jóvenes, niños -y algunos viejos que venimos de antes- lo tienen naturalmente. En este momento es importante mirar hacia lo que crea, construye, da nuevas luces, y no quedarnos con la crítica, la destrucción, los reproches al otro. No dedicar tiempo a eso.

De la tierra al alma ya está disponible en las principales librerías del país.

Lo más reciente

AUTOCUIDADO

Relajo en el agua

En días tan intensos, nuestra columnista especializada en belleza detrás de…

Por Lía Klarmann
cerrar