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MEDIOAMBIENTE

“Flygskam”: la culpa a volar que impone Greta

Por Lucy Willson 31 Jul, 2019

Este movimiento ha provocado una baja de los viajes en avión en Suecia, en una tendencia que se expande en el mundo por el impacto que tiene volar en la emisión de toneladas de dióxido de carbono. Por eso Sudáfrica planta suculentas para no frenar el turismo aéreo, en el mundo académico se promueve el “Walk to talk” y Francia impone un impuesto especial.

La noticia que la joven activista sueca Greta Thunberg cruzará el Atlántico en un velero de alta velocidad a Nueva York para participar en septiembre en la Cumbre sobre la Acción Climática que Naciones Unidas y, posteriormente, llegará de la misma forma a Chile para la conferencia sobre cambio climático COP25 logró titulares en todo el mundo. No sólo por la curiosidad del transporte diseñado para regatas -que genera su propia energía sin necesidad de combustibles fósiles, gracias a paneles solares y turbinas subacuáticas-, sino porque refuerza la postura de la adolescente medioambientalista a evitar los aviones por su gran impacto contaminante.

Esta postura antiaviones se ha denominado Flygskam (también conocida por su término en inglés flight-shaming). Se hizo popular en 2017 cuando en Suecia el cantante local Staffan Lindberg escribió un artículo firmado por cinco amigos famosos en ese país (entre ellos el medallista de oro olímpico Björn Ferry y la madre de Greta, Malena Ernman) en que se comprometían a dejar de volar.

El movimiento sugiere que las personas deberían sentirse avergonzadas de tomar aviones debido al impacto negativo que tienen en el medio ambiente.

Greta regresa en tren de Bruselas a Suecia tras una protesta.

Greta Thunberg, quien no se ha subido a un avión desde 2015, ha sido la cara de esta campaña cada vez que se moviliza por Europa para sus manifestaciones. Generalmente pone en Instagram fotos de ella en tren, ferry u otro medio para sensibilizar a sus seguidores en el asunto.

Los ambientalistas anónimos y los simples viajeros también promueven esto en redes sociales con los hashtags ya populares #stayontheground (“quédate en tierra”) y #flightshame.

Según un artículo de la BBC, es difícil establecer de manera exacta cuántas personas se han sumado. Pero Suecia ha visto un aumento en los viajes en tren en los últimos años y una disminución en los aviones. El número de pasajeros que vuelan en los 10 aeropuertos más importantes de ese país cayó un 8% de enero a abril de este año, de acuerdo con datos de Swedavia, que dirige las terminales aéreas locales.

En su reporte la cadena británica relata cómo el director ejecutivo de la aerolínea escandinava SAS culpa al Flygskam por una caída en el número de pasajeros en Suecia. En entrevista con el diario Norweigan aseguró que estaba “convencido” de que el movimiento estaba detrás de la baja en ese tráfico aéreo.

Frente al tema han surgido muchas voces e iniciativas para reaccionar. Algunos critican que se imponga culpa o vergüenza a los pasajeros, cuando realmente son las aerolíneas y las industrias asociadas las que deberían sentirse responsables por el impacto que están teniendo en el planeta. Por otro lado, compañías y hasta oficinas de turismos de países recogieron el guante y ya toman acciones.

Spekboom, la apuesta en Sudáfrica.

Sudáfrica escuchó. Una de las iniciativas anti Flygskam es plantar spekboom (Portulacaria afra)  -suculenta conocida como Arbol de la Abundancia- en una medida para absorber y minimizar la huella de carbono de los aviones.

Hannelie du Toit, director de operaciones de la Asociación de Turismo sudafricano (SATSA), señaló que es el primer país en implementar una medida contra el Flygskam.

Una hectárea de spekboom puede absorber más de cuatro toneladas de dióxido de carbono al año, haciéndolo más efectivo que la selva amazónica para eliminar el dióxido de carbono de la atmósfera.

SATSA plantará 5.000 en los próximos meses y habrá suficiente “stock de especies madre” para desplegar millones de nuevas en el futuro. Cada una vive cerca de 200 años.

“La tendencia en torno a la vergüenza por tomar aviones que partió en Suecia  parece ser cada vez más fuerte. Queremos estar preparados podría tener aquí un impacto en el turismo, uno de los pilares económicos de Sudáfrica”, señaló al portal Dailymaverick.co.za.

En el mismo medio se cuenta cómo la tendencia se ha expandido a otros países europeos con impacto suficiente para inquietar a la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA). De hecho, en junio el flight-shaming fue un tema importante en la conferencia del organismo en Seúl. Allí el director Alexandre de Juniac dijo que si no se daba alguna respuesta, el sentimiento se extendería.

“Volar es libertad”, escribió De Juniac en un blog. El diario The Washington Post destaca que el ejecutivo dice que volver a las velocidades de los botes “Retrocede en un siglo de progreso mundial. Confiar en reuniones virtuales para realizar conexiones globales ignora los sentimientos y sensaciones que nos hacen humanos”.

El turismo representa aproximadamente el 8% de las emisiones de carbono. Los vuelos comerciales son responsables aproximadamente del 2,5%. Y los viajes internacionales en avión representan aproximadamente son el 65% de ese último número.

La publicación online Carbon Brief afirma que si la aviación fuera un país, sería el sexto mayor emisor de carbono del mundo, ubicado entre Japón y Alemania.

Dailymaverick.co.za relata que la agencia de aviación para la ONU tiene un esquema acordado por 192 países que tiene como objetivo compensar las emisiones de carbono de los vuelos internacionales. En este modelo todas las aerolíneas que participen tendrán que comprar compensaciones, o “créditos de contaminación”, para cualquier aumento por sobre las emisiones de 2020. La crítica apunta a que no establece un cambio, sólo un pago por contaminar.

Reuters informó que este mes Francia anunció un “impuesto ecológico” en todos los vuelos que despegan del país, que van desde 1,5 euros a 18 euros. Los fondos se utilizarán para financiar otras formas de transporte, incluido el tren.

KLM tiene una campaña de sustentabilidad y sugiere evitar vuelos cortos.

Y para festejar su centenario, KLM Royal Dutch Airlines lanzó una campaña de sustentabilidad que sugiere que los pasajeros hagan las maletas más livianas para reducir el peso en un avión y quemar menos combustible. También invita a los viajeros a considerar volar menos, entre otras acciones, especialmente en distancias cortas cuando un tren es suficiente.

The Washington Post recoge la mirada de los expertos, que aseguran que la tendencia es buena en Europa, donde el ferrocarril está muy extendido y los países están muy cercanos. Pero en Estados Unidos los viajeros con consciencia ambiental tienen muchas menos opciones para reducir sus huellas de carbono.

“¿Cuál es la alternativa?”, pregunta en el matutino norteamericano el especialista en aerolíneas Seth Kaplan. El sistema ferroviario en ese país tarda demasiado en conectar puntos remotos para que sea un sustituto viable de los vuelos.

El experto señala que el sentimiento general es que viajar es un bien social que une a las personas. Una opción más amigable con el medioambiente es evitar la clase ejecutiva o primera clase, porque esos asientos ocupan más espacio en un avión. “Si todos volaran en una configuración densa y económica, el impacto ambiental sería considerablemente menor porque sería capaz de acomodar todos esos asientos en un número considerablemente menor de aviones”, explica -de una manera poco atractiva- Seth Kaplan.

Del Flygskam tampoco se salvan los académicos. Como cuenta The Washington Post, en las universidades se está promoviendo el “Walk to talk”. Se trata de aceptar menos invitaciones para viajar en avión, optar por conferencias regionales y no en países lejanos, además de elegir reuniones virtuales por Skype.

La agencia de noticias Bloomberg publicó que dejar de volar es una opción poco probable en Asia, el mercado aéreo de mayor crecimiento en el mundo. Las estimaciones de la industria de la aviación sugieren que el número global de pasajeros se duplicará para 2037 en ese continente, dado por la arremetida de nuevos consumidores de clase media en China, India y el sudeste asiático.

En algún momento de la próxima década, China superará a Estados Unidos como el mercado de aviación más grande del mundo. Y nadie en esas coordenadas tiene la intención de frenar este crecimiento. Todo lo contrario, para 2035 India planea construir 100 nuevos aeropuertos y China planea más de 200 propios.

Y no es necesario mirar hacia el exterior, es cosa de mirar el aeropuerto de Santiago ampliándose para la demanda creciente de pasajeros, la popularidad de modelos de vuelos low cost a nivel nacional y las interminables ofertas para escapadas. La tentación está ahí: a un check in.

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