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Entrevista

Directora Corporación Sida Chile: “Nuestro principal problema es la educación sexual”

Por 22 Jul, 2019

En 2018 Chile tuvo 4 mil casos nuevos de VIH, liderando la tasa anual de nuevos casos en América Latina. La médico infectóloga Yasna Alarcón asegura que hay muchos factores que inciden en la transmisión y prevención de este virus –pero un gobierno en específico no es uno de ellos–, tanto en la medicina como en la sociedad. “Al no haber educación sobre lo que es el VIH, existe temor a hacerse el examen, a ser positivo, a acercarse a un centro y a empezar a tratarse”.

Directora Corporación Sida Chile: “Nuestro principal problema es la educación sexual”

El último reporte entregado por la ONU arrojó una noticia alarmante para Chile: el año pasado hubo un aumento de 4 mil casos de VIH/Sida, convirtiéndose así en el país latinoamericano con mayor tasa anual de contagios.

Según las cifras de Onusida, Chile pasó de 67.000 casos en 2017 a 71.000 en 2018. De ese total,61.660 han sido diagnosticadas. Al mismo tiempo, en otros países como Colombia, Paraguay, Ecuador y Perú los casos han ido disminuyendo.

Desde el Ministerio de Salud se responsabilizó al pasado gobierno de Michelle Bachelet por el aumento. “A pesar que toda la evidencia decía claramente que la estrategia fundamental, como lo había dicho Onusida, era lograr que la gente supiera que vivía con el virus, se siguió insistiendo en campañas añejas, anticuadas, que no apuntaban a lo fundamental”, dijo el Ministro Jaime Mañalich.

¿Qué es lo fundamental? Para la médico infectóloga y directora de la Corporación Sida Chile, Yasna Alarcón, está claro: “El principal problema de Chile es su educación sexual, desde cómo protegerse hasta cómo vivir con VIH”, asegura a Mujer Dínamo.

¿Dónde hemos fallado?

Son varios factores, no solamente del área médica. Es fundamental la educación, y no me refiero sólo a la del colegio, sino que una educación social. Se necesitan medidas de salud pública que permitan la educación sexual integral y la no discriminación. Al no haber educación sobre lo que es el VIH, existe temor a hacerse el examen, a ser positivo, a acercarse a un centro y empezar a tratarse. No es raro que una persona se diagnostique y que pasen años antes de que tome la iniciativa de buscar tratamiento. Una persona positiva está con un virus circulante en la sangre y con capacidad de transmitirle el virus a otras personas, pero ese temor que tiene la persona de que sus amigos o familia se enteren hace que no busquen ayuda. Nadie tiene temor en decir que tiene diabetes, pero sí VIH, siendo que hoy es una enfermedad crónica, tratable e incluso no transmisible.

El ministro Mañalich dijo que anteriormente se hicieron “campañas añejas”. ¿Crees que lo fueron?

Creo que todas las campañas del pasado han sido incompletas. Partiendo de la base de que es una campaña que dura un mes, y el año tiene 12 meses en los que la gente tiene actividad sexual. Han habido distintos enfoques: uno de hacerse el examen, otro de usar condón, otro para tener una pareja estable hasta incluso la abstinencia. Hoy en día la prevención va mucho más allá de eso, hay que realmente educar sobre las medidas y, para quienes tengan el virus, sobre la importancia de estar en tratamiento como una responsabilidad personal y social. Muchas de las dificultades de adherencia que hay tienen que ver con la falta de apoyo familiar y social. Hay una gran diferencia entre aquellos que tienen una red de apoyo, que asume su diagnóstico y lo vive con más naturalidad versus aquellos que lo viven en secreto absoluto. Si no rompemos el estigma difícilmente vamos a lograr que las personas se hagan el examen –como dice la campaña- porque resulta que si sale positivo lo van a estar apuntando con el dedo.

Alrededor del 50% de los nuevos casos corresponden a jóvenes entre 15 y 29 años. ¿A qué se debe eso?

Es gente súper joven que no vivió la época del VIH/SIDA cuando recién apareció de los 80 y, por lo tanto, lo desconoce como concepto asociado a muerte y temor. Eso, sumado a que las campañas de VIH se transmiten por televisión y no ha habido una estrategia para ocupar los nuevos medios de comunicación que son los que los jóvenes en realidad ocupan, como las redes sociales y aplicaciones de busca de parejas como Tinder y Grinder. Esto se suma al cambio de hábitos y comportamiento sexual en los jóvenes: la actividad sexual comienza más joven, hay un mayor número de parejas sexuales, son mucho más frecuentes y más aceptadas las relaciones entre hombres, entre mujeres y bisexuales. Además el uso de drogas durante el sexo ha aumentado en Chile y en todo el mundo y está súper comprobado que el chemsex aumenta el riesgo de enfermedades de transmisión sexual, incluido el Sida. No se han ajustado las estrategias a estos cambios de comportamiento sexual, social y de comunicación y por eso estamos muy atrasados en poder tener la llegada al público que deberíamos llegar.

¿Es justo que se responsabilice a un gobierno en específico?

No, bajo ningún punto de vista. El aumento de casos nuevos ha sido gradual desde hace años. Esto es una responsabilidad social independiente y transversal de todos los gobiernos. Para qué decir el conservadurismo, la religión, la iglesia y el rol que juegan sobre las decisiones de educación sexual. Todo eso tiene que ver. Hay un momento en que uno no puede estar jugando con la vida privada de las personas.

También hay quienes lo relacionan con la llegada de los migrantes.

Por supuesto que no todos los inmigrantes son positivos. Puede ser que un grupo lo sea, al igual que pueden haber algunos que han adquirido el virus acá. El tratamiento es el mismo y universal. Lo importante es que las personas estén con el virus indetectable en la sangre (no transmisible), en tratamiento, sean aceptadas socialmente y puedan hacer su vida independiente de su nacionalidad y de clase social.

¿Qué se puede hacer a nivel país para frenar el alza?

Tener educación sexual integral desde la primera instancia. Cuando son muy pequeños que sea respecto al autocuidado, conocer el propio cuerpo, el respeto hacia él y el respeto a la privacidad a tu cuerpo. Y de a poco, de acuerdo a las edades, ir evolucionando en el aprendizaje y hablar de la sexualidad como una normalidad. Eso en cuanto a educación de sexualidad y prevención de VIH, pero también en cuanto a la aceptación y de enseñar cómo es el VIH realmente.

¿Cómo se puede identificar el VIH?

Yo recomiendo hacerse el examen periódicamente. En general, para cualquier persona sexualmente activa sin ningún antecedente, lo mínimo es hacerlo una vez al año. Eso es independiente de su condición de estado civil. De hecho, la mayoría de las mujeres adquieren el virus de sus parejas estables y a ellas se les suele diagnosticar durante el embarazo, porque es la única etapa cuando obligatoriamente se les hace el examen, para prevenir que se le transmita la enfermedad al hijo. Los hombres no tienen un momento como ese y la mayoría no acude porque no tiene ese hábito de hacerse un chequeo anual que incluya el de VIH. Si han tenido relaciones de riesgo, sin protección o con varias personas dentro de un tiempo determinado, obviamente que deberían hacérselo más de una vez al año.

¿Qué medidas de prevención existen?

La prevención de VIH es lo que se llama prevención combinada: hay muchos factores, no sólo el preservativo. Desde el punto de vista médico, se puede prevenir al usar preservativo pero, en el caso de los pacientes que son positivos, que estén en un tratamiento óptimo y bien llevado. Una persona que está en tratamiento y con virus indetectable en la sangre no lo transmite, por lo tanto esa también es una estrategia de control del VIH. Por otra parte, el PrEP–que está en plan de implementación– es la prevención a través de medicamentos para las personas sanas que están en un riesgo muy alto de tener VIH (por ejemplo quienes tienen una pareja con VIH positivo conocido que no está en terapia o personas que por sus hábitos sexuales tienen comportamientos de alto riesgo). También está la profilaxis post exposición, un tratamiento posterior que se le da a mujeres que han sido víctimas de violencia sexual que no podrían saber si su abusador tenía el virus o no.

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