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50 años del ‘hombre’ en la Luna

JoAnn Morgan: de escolar que miraba cohetes a llevar al hombre a la Luna

Por Mujer Dínamo 18 Jul, 2019

En todo el mundo se recuerda la gran hazaña de 1969, cuando en plena carrera espacial -entre los bloques liderados por Estados Unidos y Unión Soviética- Neil Armstrong hizo historia al pisar la Luna. En la Tierra había una mujer frente a los controles trabajando para hacer ese sueño posible: JoAnn Morgan.

JoAnn Morgan: de escolar que miraba cohetes a llevar al hombre a la Luna Foto: NASA

El 9 de julio de 1969, a las 9.32 hora local, el Apolo 11 se lanzó desde Florida con el comandante Neil Armstrong, el piloto del módulo Buzz Aldrin y al piloto del módulo de comando Michael Collins en una misión que esta semana se celebra en todo el mundo: el aterrizaje del hombre en la Luna.

Armstrong y Aldrin se convirtieron en los primeros humanos en pisar la Luna, mientras que Michael Collins permaneció a bordo del módulo de comando en órbita lunar. En el Centro de Control de Lanzamiento observaban atónitos por el hito una sala abarrotada de hombres vestidos de blanco y negro más una atenta veinteañera: la controladora de instrumentación JoAnn Morgan.

Esa joven mujer perfectamente peinada marcaría un antes y un después en la NASA para todas las otras científicas que en el futuro cruzarían la puerta de la sala de control.

Hoy, a los 78, relata su camino vocacional que jamás pensó que terminaría con ella mirando hacia el cielo.

Cuando pequeña, Morgan se una autodenominada “niña pequeña precoz”. Le encantaban las matemáticas, la ciencia y especialmente la música. Tanto que estaba convencida de que crecería para convertirse en profesora de piano. Pero esa trayectoria cambió rápidamente después de que su padre mudara a toda la familia desde Alabama a Titusville, Florida.

Estudiante de enseñanza media, la joven se sentía devastada en este lugar completamente nuevo. Entre las muchas diferencias de esta vida en que se insertaba existía algo que no estaba en sus libros: cohetes

Morgan miraba desde su colegio como al otro lado del río esas máquinas de ciencia ficción despegaban. Partía con sus amigos a ver cada lanzamiento. “Era como mirar fuegos artificiales en la playa”, diría después.

Esos cohetes empezaron a significar algo mucho más para ella el 31 de enero de 1958, día en que el Explorer 1 se lanzó al espacio; era el primer satélite en hacerlo desde Estados Unidos. En este punto de la historia, el Sputnik y el Sputnik 2 de la Unión Soviética eran los únicos dos satélites que habían llegado con éxito a ponerse en órbita.

El Explorer 1 fue fundamental para descubrir lo que se conoce como el cinturón de radiación de Van Allen. Así el Dr. James Van Allen teorizó que las partículas cargadas estaban atrapadas en el espacio por el campo magnético de la Tierra.

Este fue el descubrimiento que inspiró a Morgan a ser parte del programa espacial. El rugido de los lanzamientos de cohetes cercanos no fue nada comparado con esto.

“Pensé: Este es un conocimiento profundo que concierne a todos en nuestro planeta. Este es un descubrimiento importante, y quiero ser parte de este equipo”, contó.

Su oportunidad llegó cuando vio un anuncio de dos puestos abiertos en la Agencia de Misiles Balísticos del Ejército. El aviso enumeraba vacantes como ayudante de ingeniero para dos estudiantes durante el verano.

“Gracias a Dios decía ‘estudiantes’ y no ‘muchachos’”, pensó la joven. “De lo contrario no habría postulado”, comentó.

Con fortalezas en matemáticas y ciencias, no fue de extrañar cuando Morgan obtuvo la pasantía. A partir de ahí, las cosas se movieron con bastante rapidez: “La graduación del colegio fue el fin de semana y partí a trabajar para el Ejército el lunes. Con mi primer lanzamiento el viernes por la noche”.

A los 17 años, JoAnn Morgan comenzó a trabajar durante los veranos como aprendiz de la Universidad de Florida para el Ejército en la Estación de la Fuerza Aérea de Cabo Cañaveral. Este programa se convirtió rápidamente en una nueva agencia de exploración espacial que se había forjado en respuesta a los primeros logros soviéticos: una pequeña agencia llamada Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio, también conocida como NASA.

En paralelo a esos días en NASA, la joven lograba su licenciatura en matemáticas en la Universidad Estatal de Jacksonville. Pronto su potencial llamó la atención. El Dr. Wernher von Braun (arquitecto jefe del cohete Saturn V que propulsó la nave espacial Apolo a la Luna) y los integrantes de su equipo reconocieron el gran nivel de Morgan y apostaron a que contribuiría al programa de vuelos espaciales humanos.

“Todos mis mentores eran hombres”, relata.

El Dr. Kurt Debus, el primer director de KSC, observó los cursos de esta licenciada y vio que tenía experiencia en la redacción de documentos técnicos, el trabajo con sistemas de datos y la creación de componentes informáticos). Un par de cursos más tarde en la institución y fue certificada como Ingeniera de Medición e Instrumentación e Ingeniera de Sistemas de Datos y fue contratada como Ingeniero Junior en su equipo.

“Estaba destinado a ser para mí estar en el negocio de los lanzamientos”, reflexiona.

JoAnn Morgan era una matemática talentosa, comunicadora fantástica e ingeniera de buena fe, pero eso no detuvo los prejuicios, especialmente en los años 60.

Tiempo más tarde supo que cuando fue contratada para unirse al equipo, su supervisor inmediato, Jim White, llamó a todos para una reunión, excepto a ella. Mientras la sala se llenaba de hombres, White explicó a la tripulación: “Esta es una joven que quiere ser ingeniera. Deben tratarla como una ingeniera. Pero ella no es su amiga. La llamarán Sra. Hardin. No familiarizarán con ella”.

“Bueno, ¿podemos pedirle que haga café?”, preguntó alguien.

“No”, dijo White. “No le pides a un ingeniero que haga café”.

El jefe quería dejar perfectamente claro para el equipo que JoAnn era una ingeniera seria. Al hablar con franqueza con el equipo, intentó establecer un ambiente de respeto por ella. Sin embargo, no siempre fue así como se desarrollaron las cosas.

Hubo una cantidad aparentemente infinita de obstáculos que Morgan se vio obligada a superar: todo, desde llamadas telefónicas obscenas hasta la necesidad de un guardia de seguridad para limpiar el único baño de hombres.

“Deben darse cuenta de que en todos los lugares a los que fui -una revisión del procedimiento, a una crítica posterior a la prueba, casi todas las partes de mi trabajo diario- era la única mujer en la sala. En cierto modo, tenía una sensación de soledad. Pero el otro lado de esa moneda era quería hacer el mejor trabajo que pudiera”.

“Un momento sorprendente” para ella llegó cuando un supervisor de pruebas la vio sentada en Blockhouse 34 para conectar sus auriculares para obtener los resultados de las pruebas.

“Vino y me golpeó por la espalda -¡en realidad me pegó en la espalda!-  y dijo: ¡No tenemos mujeres aquí! Tenía una expresión fea en su rostro y pensé: Oh…”.

Morgan llamó a Karl Sendler, el hombre que desarrolló los sistemas de procesamiento de lanzamiento para el programa Apollo y ordenó los resultados de la prueba, y le comentó: “Uh …, este supervisor de prueba me dijo que no se permiten mujeres aquí”.

El respondió: “¡No lo escuches! Conecte sus auriculares y obtenga esos resultados de la prueba tan pronto como pueda”.

En respuesta al tratamiento que el supervisor le dio, otros se sumaron en aceptarla. Rocco Petrone, quien presidió el desarrollo del vehículo de lanzamiento lunar Saturn 5 y su operación, luego le tocó el hombro y le dijo: “JoAnn, eres bienvenida aquí. Eres nuestra mejor comunicadora”.

Encuentre a Morgan. Foto: NASA

A pesar de trabajar para todos los programas de Mercury, Géminis y Apollo, y de ser promovida a ingeniero principal, todavía no se le permitía ingresar a la Sala que seguía el despegue. Algo que cambió con el histórico Apollo 11, cuando “Karl Sendler fue a batear por mí”.

Sin que ella se diera cuenta, él fue hasta la cima de la jefatura para pedirle permiso a Debus. Cuando Sendler llamó a Morgan a su oficina para compartir las buenas noticias, se mostró “casi feliz”:

«Tú eres nuestra mejor comunicadora. ¡Vas a estar en la consola para Apollo 11!”

La ventaja adicional fue que JoAnn no tendría que trabajar en el turno de noche, de 3 a 3 a.m. Por primera vez, salía del trabajo a las 3 de la tarde y pasaba tiempo con su marido, a quien como maestro de escuela y director de la banda rara vez podía ver. Tan pronto como el lanzamiento terminara, la llevaría a la isla de Captiva en un viaje en barco para celebrar.

“Estaba emocionada. Mi vida iba tomando sentido. Tendría que estar allí para el lanzamiento, sentir el impacto de la onda expansiva y, luego, ¡tengo que irme de vacaciones!”.

Ser la controladora de instrumentación en la sala de lanzamiento para el despegue del Apolo 11 fue tan grande como como parece. El lanzamiento era el comienzo de la misión, y después del primer par de eventos críticos a los que se dedica el grupo de lanzamiento, el equipo de Control de la Misión en Texas asumiría el control.

“Absolutamente hizo mi carrera”, enfatiza.

Quizás la mejor parte fue finalmente poder sentir las vibraciones de la onda expansiva. Hasta entonces, JoAnn Morgan siempre había estado en una estación de telemetría o en una sala de exhibición o en un sitio de antenas superiores para el lanzamiento, y tendría que escuchar a otras personas comentando sobre cómo se sentían las vibraciones. Ahora, finalmente tuvo la oportunidad de experimentarlos por sí misma.

Al igual que el cohete, la carrera de Morgan despegó. Fue la primera mujer de la NASA en ganar una beca Sloan, que usó para obtener una Maestría en Ciencias en administración de la Universidad de Stanford en California.

Cuando regresó a la NASA, se convirtió en jefa de división de la división de sistemas informáticos. Esto fue en los años 70, cuando la agencia estaba pasando de usar computadores viejos y gigantes a equipos más pequeñas. El cambio se complementó con el hecho de que ella fue la primera mujer en tener ese papel: “Entonces, la gente tenía que cambiar y adaptarse a mí y a la nueva tecnología. ¡Así que eso fue mucho para para algunas personas! ¡Un doble golpe!”

Fue difícil y, una vez más, demostró que era capaz. Era “la gerente con el guante de terciopelo”. Combinó su personalidad sureña, gentil, con su entrenamiento en Stanford para inspirar el cambio y mover a la gente por el camino.

A partir de ahí, Morgan se destacó en muchos otros roles, incluido el de jefa de Expendable Launch Vehicles, director ade Payload Projects Management y directora de Safety and Mission Assurance. Fue una de las dos últimas personas que verificaron que el transbordador espacial estaba listo para el lanzamiento y la primera mujer en KSC para ocupar un puesto ejecutivo, directora asociada del centro.

Pero lo que más entusiasmó a Morgan de sus contribuciones fue lo mismo que la inspiró a unirse al programa espacial en un inicio: los descubrimientos científicos.

“Mi última misión fueron esos dos pequeños y valientes vagabundos de Marte, (Spirit y Opportunity). Eso fue muy divertido: lograr que la gente entienda que hay un futuro completo allá afuera, hay un gran conocimiento que la NASA puede lograr”.

Hasta el día de hoy, Morgan sigue siendo una de las mujeres más condecoradas de KSC. Sus numerosos premios y reconocimientos incluyen un premio por logros por su trabajo durante la activación de Apollo Launch Complex 39, cuatro medallas de servicio excepcional y dos medallas de liderazgo sobresalientes. También recibió el Premio Kurt H. Debus, así como dos premios ejecutivos meritorios del presidente Bill Clinton. Y

después de servir como directora de Relaciones Externas y Desarrollo de Negocios, se retiró de la NASA en agosto de 2003.

El gobernador de Florida, Jeb Bush, la nombró para ser un administradora de la universidad estatal. Ya había trabajado en juntas de la Facultad de Ingeniería Aeroespacial de la Universidad de Florida, la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Florida Central y el Instituto de Cognición Humana y de Máquinas de la Universidad de West Florida (IHMC).

Mientras se desempeñaba en ese mundo académico Morgan se dio cuenta de lo importante que era alentar a más mujeres a seguir carreras y programas universitarios en STEM. Hoy en día, patrocina donaciones y becas en siete universidades y ofrece pasantías en IHMC.

En 1995 fue incluida en el Salón de la Fama de la Mujer de Florida.

Nada mal para ser la una chica en la sala de control.

 

 

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