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COLUMNA

¿Por qué tenemos que tener una ley de inclusión para ver a los demás y promover cambios que son culturales?

Por 17 Jun, 2019

Para mí todos los caminos se han hecho un poco más difíciles y creo que cambiarían muchas cosas si la gente se fijara más en mí, en mis capacidades y virtudes, más que en mi discapacidad.

¿Por qué tenemos que tener una ley de inclusión para ver a los demás y promover cambios que son culturales?

La nueva Ley de Inclusión Laboral apunta a promover una integración laboral más eficaz de las personas con discapacidad, tanto en el ámbito público como en el privado.

Fija una reserva de empleos del 1% para personas con discapacidad o asignatarias de pensión de invalidez de cualquier régimen previsional, en organismos del Estado y empresas privadas que tengan 100 o más trabajadores o funcionarios.

Lastimosamente se tuvo que sacar una ley para que esto ocurriese.

Me impactó leer una noticia hace unas semanas, donde a partir de las cifras dadas según el último Estudio Nacional de Discapacidad, en Chile el 64% de las personas con discapacidad son mujeres, lo que creo, nadie se imaginaba. El estudio de la Dirección de Trabajo nos cuenta además que, a pesar de ese hecho, son los hombres quienes ocupan más puestos laborales. El 66% son hombres y las mujeres sólo un 34%.

¿A qué se debe esta diferencia? El estudio apuntaba a dos razones en general: discriminación de género y un modelo sociocultural.

Me quedo primero con el foco puesto en el modelo sociocultural, en el “cumplir por cumplir”. Las empresas se enfocan en obedecer la ley, pero sin dar importancia a las habilidades de las personas discapacitadas. No le dan valor o ponen un freno a la inserción que se pretende impulsar, al no fijarse en las competencias que tiene la persona, sino en su diferencia, desperdiciando talentos y otorgando trabajos de menor exigencia a lo que esa persona puede entregar. Y esto es un problema cultural, especialmente por ello se creó la Ley de Discapacidad.

Respecto a la discriminación de género, el hecho es que, por distintos motivos, las mujeres estamos en desventaja al acceder a un trabajo y no sólo las con alguna discapacidad. En Chile la incorporación al mercado laboral de las mujeres es de las más bajas en América Latina. De hecho, hoy se están exigiendo cuotas para que se logre una equidad entre hombres y mujeres en muchos ámbitos (políticos, académicos, económicos).

Esto me hace reflexionar que el problema se produce porque las diferencias se convierten en desigualdad.

Con ese enfoque, a la hora de elegir, las empresas públicas o privadas terminan incorporando mayor número de mujeres o contratando a personas discapacitadas por obedecer una ley. Y si las mujeres no se hubieran movilizado para que exista conciencia de la desigualdad o si las personas con discapacidad no hubieran hecho visible su situación, estos cambios culturales no se producirían.

Soy de las que piensan que las mujeres y los hombres somos diferentes, pero esa diferencia no puede significar que no tengamos los mismos derechos. Lo mismo pasa con la discapacidad y esto no se está cumpliendo.

La gente muchas veces es ciega y sólo piensa en su bienestar, pero vivimos en comunidad. Debemos pensar en el otro y en cómo respetarlo, sin esperar la creación de una ley para saber qué hacer. En esto apelo a algo tan simple como el sentido común, cosa que muchas veces algunos olvidan.

No es que se les pida a las empresas ser generosas o misericordiosas con la gente con discapacidad o con las mujeres, sólo se trata de que sepan mirar de igual a igual y sepan ver las virtudes que todos tenemos.

Esto apunta al cambio cultural que este país necesita.

Bernardita Santa Cruz

Bernardita Santa Cruz tiene formación en Diseño y en su popular cuenta de Instagram pone su ojo en belleza, moda y estilo de vida. En Mujer Dínamo enfocará sus columnas en temas de inclusión.

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