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COLUMNA

A ‘reprogramar’ los prejuicios

A los 10 años se enamoró de su primer computador y se obsesionó con Windows 95. Giannina Giannecchini es la única mujer de tres hermanos, los que -como sus compañeros de colegio- no entendían por qué ella se interesaba en el mundo informático y no hacía "cosas de niña". Pero a la adolescente poco le importó el qué dirán. Con su carácter fuerte perseveró y fue contra las convenciones de la época: jugó fútbol, se cortó el pelo corto, se convirtió en una 'computina'. Hoy es programadora y desarrolla software en la firma Lemontech. Con orgullo sabe que se ganó un espacio en un mundo de hombre, pero no quiere ser una anécdota y, por eso, en estas líneas quiere promover en otras chicas con su misma pasión para que ocupen el espacio que se merecen en el mundo tecnológico.

 

Giannina Giannecchini

¿Qué pasa cuando se hace una encuesta a niños sobre lo que quieren ser cuando grandes? ¡Doctor!, ¡astronauta!, ¡profesor!, ¡cocinero!… ¡Quiero mi banda de rock!

¿Y si les consultamos si sueñan ser programadores…? Bueno, según mi experiencia, no tienen idea. Me dicen ¿qué es eso?

He llevado este ejercicio más allá y he realizado la misma pregunta sólo a niñas. Allí aparece el mismo desconocimiento, pero es notorio que en estas futuras mujeres no existe, hasta ahora, la cultura e incentivos para desarrollarse en el campo tecnológico.

Detrás de cada desarrollo tecnológico están ingenieros y programadores. Y en nuestro país hay menos de los que se necesitan. No es un tema menor, ya que junto con aumentar el número se requieren profesionales realmente comprometidos y relacionándose con las últimas tendencias, debido al rápido avance tecnológico en el área TI.

Hace algunos años las comunidades informáticas en Chile y el mundo se han convertido en una red de apoyo importante para personas que están comenzando y quieren adentrarse a nuevas tecnologías. Y, sí, de a poco se da a conocer el trabajo de ingenieros y programadores. Se comunica qué es lo que hacemos.

Pero tenemos que visibilizar otro tema igual de importante: la participación de la mujer en el mercado de la tecnología.

En un vistazo rápido a empresas del rubro se nota que los equipos de trabajo, salvo honradas excepciones, están compuestos íntegramente por hombres. Y me pregunto, ¿a qué se debe esta realidad?, ¿por qué me siento en un equipo de fútbol (como a muchas, me enseñaron desde pequeña que es un deporte de ellos)?, ¿Por qué somos tan pocas?

Según Liverpool Girl Geeks, menos del 25% de los empleos en el área TI están ocupados por una mujer a nivel global. Muy por debajo está Chile, con sólo el 5%.

Hay estudios que confirman que se debe a que desde la infancia nos incentivan a estudiar carreras “de hombres” o “de mujeres”. Y mi área, la tecnológica, es un evidente ejemplo de la poca diversidad de género que existe y cómo se manifiesta ese sesgo.

Cuando comencé a estudiar en un liceo técnico profesional éramos 7 mujeres de un curso de 35 alumnos. Luego, al ingresar en informática, la diferencia era aún mayor: sólo éramos tres alumnas y terminamos egresando dos. Por lo mismo, durante toda mi carrera profesional me he desempeñado en empresas donde el porcentaje de mujeres es muy bajo. Incluso, en algunas sólo era yo.

En lo personal ha sido un camino lleno de aprendizaje. Soy mujer y programadora (también juego fútbol y amo los salones de belleza), me ha tocado pasar por varias compañías en donde he tenido muchos desafíos técnicos, pero también el reto de imponerme como mujer para derribar el prejuicio de que no podemos dedicarnos a una carrera “de hombres”, como la sociedad ha impuesto.

Hoy existen diversas comunidades como HackGirls, Women Who Code, R-Ladies o Girls in Tech, donde las mujeres están dando que hablar tanto en Chile como a nivel mundial sobre temas relacionados a tecnología y lo importante que es el que más mujeres se unan. Estamos avanzando.

Depende de nosotras acabar con el prejuicio de que no es una carrera “para mujeres”, debemos participar muchas más. Somos pares de los hombres, podemos programar, sabemos enfrentar desafíos complejos.

Es momento de que se creen equipos equitativos, que exista diversidad y colaboración, donde entendamos que todos cumplimos un rol importante y que no debemos aceptar sesgos de género en las carreras.

Debemos reprogramar los prejuicios y programar oportunidades tanto para hombres como para mujeres.

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