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CORTOMETRAJE

Así es el emotivo documental feminista que ganó el Oscar

Por 10 Feb, 2020

Learning To Skateboard In A Warzone (If You're a Girl) está ambientado en Kabul y muestra un plan de empoderamiento de las niñas en zona de guerra a través de lecciones de skate.

Así es el emotivo documental feminista que ganó el Oscar

Así como el año pasado uno de los trabajos de mujeres -¡y sobre mujeres!- que dio que hablar en el Oscar fue Period -sobre la lucha contra el tabú de la menstruación en India (disponible en Netflix)-, este año en la misma categoria de Cortometraje Documental una nueva producción con foco feminista se llevó la estatuilla: Learning To Skateboard In A Warzone -If You’re a Girl– (“Aprendiendo a patinar en skate en una zona de guerra -si eres una chica-”), de la directora Carol Dysinger con la productora Elena Andreicheva.

La historia de esta producción de casi 40 minutos aborda la organización sin fines de lucro Skateistan (fundada en 2007) y su trabajo como una escuela de skate para niñas en la conservadora y semi destruida ciudad de Kabul. Iniciativa donde la tabla con ruedas es sólo el puente para empoderar a estas pequeñas de Afganistán y transforman este deporte en una herramienta educativa para que aprendan a leer y escribir, mientras cultivan la solidaridad femenina en una zona asolada por la ataques militares y atentados.

Carol Dysinger y Elena Andreicheva.

Y si crees que la producción sólo tiene eco en Hollywood y países occidentales, te equivocas. Hoy los afganos reaccionaron eufóricos al enterarse que una historia de su país ganó un Oscar. Por eso se tomaron las redes sociales para celebrar el premio que promueve este deporte, asociado con el sentimiento de libertad en sus niñas

“Nos sentimos orgullosos de estas ‘hermanas’. Deseamos más éxitos para nuestras campeonas”, escribió en Facebook Sodaba Samadi, según constata como ejemplo la cadena de noticias RTL.

“¡Felicitaciones a nuestras valientes chicas! ¡Este es un momento de orgullo para todas las NIÑAS afganas! ¡Se enfrentan a duras realidades de la vida cotidiana y cruel en una zona de guerra, pero siguen avanzando!” agregó la periodista afgana Shaista Sadat Lameh.

“Esta película es mi carta de amor a las valientes chicas de ese país”, dijo la directora Carol Dysinger. Y agregó: “Les enseñan coraje a las chicas para levantar la mano, para decir que estoy aquí, tengo algo que decir y voy a tomar esa rampa, ¡no intentes detenerme!”.

Oliver Percovich, director ejecutivo de Skateistan, señaló a la agencia AFP que estaba “encantado” con la victoria y destacó que el cortometraje tuviera detrás a “un equipo de filmación totalmente femenino”.

El impacto de esta iniciativa en estas futuras mujeres de Kabul también lo recalcó hace unas semanas el diario inglés The Guardian: “Hace que el skate sea una parte vital de la educación de las niñas. Es un tipo de libertad, como lo fue andar en bicicleta para las señoritas inglesas de la época victoriana”.

Atrás de esta producción -que tuvo el apoyo del canal de televisión A&E- hay un trabajo de años de Dysinger. Tal como lo explicó en una entrevista a la Asociación Internacional de Documentalistas (IDA, en sus siglas en inglés), ella lleva años cubriendo noticias en ese país con acceso al Ejército Nacional Afgano.

“Fui una de las pocas personas a las que los oficiales afganos podían llevar a sus hogares y presentar a sus familias, porque las esposas y los hijos nunca conocerían a un hombre que no fuera un miembro directo de la familia”, relató la realizadora. Así se empezó a conectar con las mujeres de esa sociedad.

Durante el rodaje del documental, sólo tres integrantes del equipo eran occidentales: Carol Dysinger, la directora de fotografía Lisa Rinzler y la productora Elena Andreicheva. El resto de las participantes, incluyendo traducción, eran afganas.

Uno de los desafios no sólo era ganar la confianza local, sino que también poder captar a las niñas en skate en un país conservador y machista donde ellas tienen prohibido practicarlo en la calle. El otro tema llegar a mostrar los rostros, ya que muchas mujeres usan burkas y cuidan su imagen para no deshonrar a sus familias.

Para protegerlas, la directora tuvo mucho cuidado: “Acordamos filmar a las chicas donde estaban, y no tratar que salieran o hicieran nada fuera de lo normal”.

Así el skatepark techado se transforma en el paisaje para que las pequeñas puedan ‘volar’ en la patineta. Un salto más que deportivo, ya que es un gran impulso para la transformación cultural de las afganas de este nuevo siglo.

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