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Entrevista

El coreógrafo tras el baile de Ema: “Fuimos el alma de la fiesta”

Por 1 Oct, 2019

“Fue entre difícil y divertido”, asegura José Vidal sobre las coreografías en desplazamiento por los cerros de Valparaíso que quería lograr el director Pablo Larraín. En una película en la que el reggaetón es un protagonista más, se necesitó un equipo de 50 personas y dos meses de ensayo con Mariana di Girolamo para lograr bailes que mezclaran el movimiento, lo urbano y la liberación de emociones muy contenidas.

Mientras se celebraba el esperado estreno de Ema en Santiago, un integrante clave de la producción lo miraba a la distancia. El coreógrafo José Vidal, autor de las múltiples escenas de baile que se ven en la nueva película de Pablo Larraín, estaba de gira. Presentaba junto a la Compañía que lleva su nombre la obra Rito de primavera en el Festival de Artes Cielos del Infinito.

Fue justamente esa pieza la que pavimentó su llegada a la nueva apuesta de Larraín, en la que Mariana di Girolamo es una joven bailarina se separa de su novio coreógrafo -interpretado por Gael García Bernal-, luego de entregar a su hijo en adopción. Una historia que se enmarca entre momentos de danza y reggaetón por los cerros de Valparaíso.

Esta es la primera vez que José trabaja en una película, pero, si depende de él, no será la última. “Es una experiencia muy rica en la que se aprende de todas las personas y del formato, y el ojo se entrena aún más”, le dijo a Mujer Dínamo. “Fue una escuela intensa, yo feliz de repetirla muchas veces”.

¿Cómo surgió tu participación en Ema?

Pablo Larraín quedó muy encantado con el trabajo de la Compañía cuando fue a ver Ritos de primavera en el GAM. Salió súper híper estimulado de la función, lleno de ideas y me dijo que tenía ganas de hacer un experimento cinematográfico con la obra. Me imagino que esa impresión le quedó dando vuelta y se juntó con otras inquietudes e ideas que se cristalizaron en Ema.

Ya habías trabajado con Larraín en la ópera Katia Kabanova. ¿Cómo es su método de dirección?

En ese primer trabajo juntos, lo que yo tenía que hacer era bien acotado y lo realicé más aislado. Pero fue una buena aproximación para entenderlo a él como ser humano y profesional. La invitación para Ema fue con más confianza de mi parte, porque ya lo conocía y él a mí. Fue muy fluido todo, sentí mucho respeto. Nunca me imaginé que iba a tener un estatus en el set que era bien exquisito de vivir: estábamos yo, el director de fotografía (Sergio Armstrong) y Pablo. En muchas escenas que no eran de baile me preguntaba mi opinión e independiente de que la usara o no, me daba esa sensación de ser escuchado y estar colaborando con otro artista. Salí muy contento de la experiencia porque fue de mucho aprendizaje de cómo se trabaja en un set a presión, porque Pablo arma todo en el lugar. El tiene una idea y sabemos qué escena va a grabar, pero todo lo va probando y desarrollando en colaboración con el equipo y eso lo hace muy vivo. Nos involucra a todos los que estamos ahí en la mente, en el corazón y en la energía, porque hay que ir resolviendo, atento a los estímulos que van apareciendo o a las ideas que a él le surgen. Yo lo encontré muy generoso.

¿En qué te inspiraste para armar las coreografías?

Pablo siempre dijo: «Yo quiero trabajar contigo porque no es sólo contigo, sino que con 50 personas más». La presencia de la Compañía era enorme en el rodaje, desde el elenco de bailarines hasta el equipo. Tuvimos la capacidad de transformarnos y adaptarnos a los cambios de set, ideas o cámaras. A veces Pablo me decía que armáramos algo y, te prometo, en 15 minutos teníamos una escena que no existía. Estábamos todos con la camiseta muy puesta, con la energía de sacar adelante el proyecto. Fuimos un tremendo grupo de gente, que nos conocemos, nos queremos y que hemos trabajado mucho tiempo juntos y esa energía la fuimos capaces de transmitir a todo el equipo de Fábula. Fuimos verdaderamente el alma de la fiesta en la producción.

Una de las escenas de baile en el puerto.

¿Cómo fue trabajar con Mariana di Girolamo?

A la Mariana la conozco de mucho tiempo, porque es muy amiga de gente de la Compañía y yo le hice clases en la UC. Es una relación de afecto, de admiración mutua, entonces todo fue muy familiar. Tuvimos mucha suerte en ese sentido, no era como que yo me tenía que acercar a alguien a quien tenía que convencer de mi trabajo ni ella del suyo. Nos entendíamos súper bien, sabíamos las limitaciones de cada uno y podíamos crear a partir de ahí. Con un grupo de chicos de la Compañía (Natalia Bakulic, Andrés Escobar y Francisco Martínez) empezamos a trabajar con ella dos meses antes del rodaje, con su cuerpo, a sensibilizarla, porque había perdido el training de movimiento. Fue muy cercano el trabajo, muy humano, muy respetuoso, muy íntimo. Creo que ella se sintió súper apoyada y ayudada en todo.

¿Cómo se relaciona el baile con el camino de Ema?

Es muy bonito porque el personaje es muy contenido, es bien terrible. Pablo era muy exigente en esto, todo lo necesitaba al mínimo porque las quería como un volcán que va a explotar. Cuando baila, cuando se expresa a través del movimiento y de su cuerpo, ese lado se deja ver. Ahí podía soltarse, desatar la emoción. Aparece el cuerpo de manera muy potente.

¿Cómo fue ocupar Valparaíso como escenario?

Las coreografías tenían que tener un carácter urbano y ahí entró la coreógrafa Mónica Valenzuela a ayudar, porque yo vengo de la danza contemporánea. En el set tuvimos que adaptar muchas cosas porque Pablo quería que las coreografías caminaran, entonces había que adaptarla y ponerse a probar cosas. Eso fue entre difícil y divertido, habían ataques de risa resolviendo cómo hacer esos desplazamientos, el elenco se tropezaba, nos perseguían perros. Visualmente queda increíble, porque no sólo tienes el movimiento del cuerpo y de la cámara, sino que además el del espacio.

¿Cuál fue tu sensación al ver las coreografías en la pantalla?

Son sentimientos encontrados. Es alucinante verlo, es bien bonito el trabajo visual que hay: el color, el movimiento, el vestuario. Da un poco de pena pensar en todo lo que grabamos y en lo tan poco que queda en el corte final, pero entiendo que el trabajo está al servicio de algo más grande, que es la historia, y que Pablo resolvió cómo y dónde poner lo que hicimos. Lo bueno es que sacaron un single de la canción REAL y ahí pusieron todas las tomas que no están. Ojalá lancen más temas usando todos esos materiales que no se han visto, porque está todo filmado a un nivel increíble.

¿Y te emocionó ver el éxito que tuvo en festivales internacionales?

¡Obvio! Yo estaba en Hamburgo presentando un nuevo trabajo –que el próximo año estará en Santiago a Mil– cuando la película estaba empezando a viajar. Era rico sentir esa sensación de internacionalización del trabajo. Aunque siempre está esa paradoja de que el trabajo se luce más afuera que en Chile, es muy extraño. No sé si irá cambiar alguna vez.

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