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HOY SE ESTRENA EMA

Mariana di Girolamo: “Mis primeros besos fueron con reggaetón”

Por Lucy Willson 26 Sep, 2019

Conversamos con la actriz -aplaudida en el Festival de Venecia por su papel de seductora bailarina que quiere ser madre-, quien llega por fin hoy a la cartelera en esta esperada película de Pablo Larraín. Una apuesta de cuerpo, movimiento y sexo. Cinta arriesgada que se desarrolló en un set seguro y cuidado en la era del #MeToo.

 

Mariana di Girolamo en su esperado aterrizaje a Santiago con Ema.

Ema tiene baile, hits de radio, estribillos pegajosos acompañados de vistosas coreografías, pero está lejos de ser una película musical. Hay una tragedia que cruza la vida de la protagonista, una platinada Mariana di Girolamo en el papel de la chica que da nombre a la cinta y su novio coreógrafo Gastón (Gael García Bernal). Un hijo perdido -o cedido- que deja un abismo en la pareja que ninguna melodía y danza puede hacer olvidar. Es la nueva apuesta de Pablo Larraín (No, El club, Jackie, Neruda) en una historia que se encumbra por los cerros de Valparaíso y cuyos deselances ruedan hacia abajo a toda velocidad por esas mismas colinas.

Reaggetón que libera el cuerpo, pero no el alma de sus protagonistas, a los que se les suman otros impensados amantes en este puerto sicológico que se ha exhibido a todo color en festivales como Venecia, Toronto y San Sebastián para, por fin, debutar hoy en las salas chilenas.

Recién aterrizada en Santiago, conversamos con Mariana di Girolamo sobre esta aventura y su demandante protagónico, para el que se preparó por semanas con el reconocido coreógrafo para hacer puente entre la sicología de Ema y su cuerpo.

¿Eres una Chica Reggaetón?

Yo crecí con el reggaetón. Me encanta bailar reggaetón, pero no me gusta escucharlo. Ahora sigo otro tipo de música, como la electrónica. Pero yo fui a los conciertos de Daddy Yankee, Wisin & Yandel, Don Omar. Me sé todos los temas. Es parte de la cultura de mi adolescencia y de quien soy hoy en día. Mis primeros besos fueron con reggaetón.

Ema y Gastón, la pareja que ‘pierde’ a un hijo.

¿Cómo es el ‘método Larraín’, entrar en su cabeza?

Fue heavy en un sentido. No entendía lo que estaba pasando en su cabeza o en su corazón porque él no lo compartía. Pero creo que ese hermetismo él lo trabajó y lo hizo a propósito en esta producción. Nosotros no teníamos acceso al guión. No sé si había uno. Sabía que Pablo con Alejandro Moreno y Guillermo Calderón tenían esta idea y unas escenas escritas…

Algo distinto.

Era primera vez que yo trabajaba así: no importaban los antecedentes, de donde ella venía. Nosotros filmamos la vida previa de la pareja (Ema y Gastón) con el niño, además de escenas con la madre. Todo eso se quitó. Y la historia parte desde el día después.

“¿Cómo se trabaja desde ese lugar?” pregunta Mariana retóricamente antes de responderse: “Con mucha concentración. Todas las escenas eran islas. Para mí ver como se entramó la película fue una sorpresa. Fue genial ver una película que se entiende”.

¿En el proceso de rodaje aparecían nuevos antecedentes?

Si había una luz que a Pablo le parecía espectacular o una situación que él quería recrear, la realizaba. Hacía estas “escenas X” -como les decía- que no estaban planteadas. Al principio era un poco atemorizante, pero después tenía algo de liberador porque él te quita todas las ‘tareas’. No tienes que preocuparte de dónde viene o a dónde va, de qué signo zodiacal era. Era Ema aquí y ahora. Creo que por eso mismo hace sus actuaciones tan frescas: estamos ahí pisando huevos todo el tiempo. Y como trabajamos así, Pablo -es la verdad- está muy abierto al diálogo. Me invitó desde el momento uno al diálogo.

¿Y qué pasa con Valparaíso? Porque no es Valparaíso, es el Valparaíso de Larraín.

No sé que me imaginaba. En la película no es turístico y eso es genial. Porque no es el Valpo de las postales. También están los ascensores y Cerro Alegre, pero igualmente está el Valpo punky, los recovecos…

Y un Valparaíso bien sicológico.

Sí, con una colorimetría intensa. Todo al chancho, con el baile. Sí aparece el puerto. Un puerto abierto. Abierto al mestizaje. Me gusta lo que se muestra.

Una de las escenas de baile en el puerto.

Con tanto reggaetón, además de las escenas de sexo, ¿cómo fue tu trabajo del cuerpo como herramienta?

Yo tenía abandonado un poquito el cuerpo. Estaba con un ritmo de pega bien heavy, por eso fue muy hermoso volver a conectarme en los casi dos meses que estuve haciendo la película con el pilates y la danza. ¡Qué importante es conectar mente-cuerpo!

¿Cómo se manifestó eso?

Me ayudó mucho con la concentración. Yo no me había dado cuenta, pero parece que descubrí una forma de caminar de Ema que se acercaba un poco a la danza: todo muy sinuoso. Fue muy lindo.

En esta relación con el cuerpo y su poder-, ¿ves a Ema como una ‘Marilyn reggaetonera’?

(Ríe) Sí hay poder y, en especial, en el baile. O sea, me enteré de muchas cosas de ella escuchando a Pablo en las entrevistas. El decía que al ver bailar a una persona veías cómo era la persona. Y al plantear a Ema como una bailarina era profundizar más a ella. Y Ema seduce a través del baile y con su cuerpo. Es hipnótica y vemos como todos caen embobados. No me gusta la palabra “empatía”, pero siento que, aunque estés en pugna con ella, no sé si terminas justificándola, sí entendiéndola porque ella tiene mucha gracia.

En la era del Me Too, la película señala que en las escenas de sexo había una persona supervisando el cuidado de las actrices. ¿Cómo se vivió esto? ¿Lo pediste? ¿Hubo una negociación?

Hubo mucho diálogo. Lo conversamos mucho con Pablo y, sobre todo, con Paola Gianini (Raquel, una de las amantes de Ema) -la relación de amor de ellas es muy preciosa. Entonces la escena que tienen fue muy cuidada y Pablo nos preguntó si salía del set. Lo hizo y nos quedamos con Estefanía Larraín, que es la directora de arte, y un equipo muy reducido. Finalmente, cuando vi la película me dije: Se quedó lo menos de lo menos.

Y se nota que los tiempos cambiaron para las mujeres en los sets.

Completamente. Fue, en realidad ,un clima de mucho respeto. Son escenas complicadas. Es difícil desnudarse, pero lo hicieron bastante amable y fácil.

Estrella en Venecia: Con Gael Garcia Bernal y el director Pablo Larrain en la glamorosa alfombra roja.

 

 

Salir de ‘la provincia’ y salir a los ojos del mundo, ¿qué tal ha sido este útimo par de meses de circuito de festivales y alfombras rojas?

En el Festival de Venecia me quería morir de los nervios. Esa conferencia de prensa es escalofriante, con Spanglish. La productora Fábula me había entrenado en inglés, pero yo era un atado de nervios. Después vino la alfombra roja con mi vestido Alberta Ferretti…, fue como ¡Ahhh! Todos se sabían mi nombre.

¿Hay una tentación ahí, un ‘bizcocho’ que comer después de este proceso?

¡¡¡Sí!!! No sé si en Italia, pero hay algo ahí que viene. Fue una experiencia súper significativa.

Parte otro tiempo en tu carrera.

Yo creo. No tengo nada concreto. Por lo pronto concentrarme en esto y una película -La Verónica, de Leonardo Medel- que sigue después. Y luego veré. Pero no descarto ninguna posibilidad.

¡Muerde ‘el bizcocho’!

¡Sí, obvio que sí! ¡Hay que atreverse! ¡Hay que lanzarse! ¡Hay que cruzar el río!

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