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MÚSICA

Felipe Markmann, de Boraj: “Quiero que mis creaciones aporten, no un manifiesto de queja”

Por 8 Ago, 2019

El líder de la aplaudida banda experimental chilena se mueve en las más diversas capas creativas, desde su trabajo con Boraj, planes de un nuevo dúo bailable de electrónica, el emprendimiento hasta su asesoría a un senador. De su desarrollo en la música, su viaje en la creación y próximos planes artísticos nos cuenta aquí.

Las inquietudes musicales de Felipe Markmann (29) lo han llevado por vertiginosos caminos en donde el arte y la naturaleza han sido protagonistas. Desde pequeño estuvieron presentes en su vida la obra de su madre (la novelista Cristina Guzmán), la música de su hermano compositor y la naturaleza de su padre marino y amante de la montaña. Hoy el resultado de este periplo se oye en las canciones del fundador de Boraj, una de las bandas nuevas más prometedoras de la escena local y que saca aplausos con su disco El animal y canciones como No te pierdas (con clip de León & Cociña).

Para llegar a su sonido actual de corte experimental de máquinas e instrumentos pasó por una historia de salidas infantiles con su papá a conciertos de la Sinfónica y clases de piano a los ocho años de las que huyó -le estructura le generaba “trauma”-. Escapó de las lecciones, pero no de la música que sentía como un “soundtrack de la aventura”.

Nos cuenta este camino en la noche de un martes, en una casa-estudio (en la que he estado mil veces) que está en la calle Sagrados Corazones. Hay en esas coordenadas una obvia sincronía del universo con este vecino. Felipe Markmann creador, músico, filósofo y (por último) abogado, recibe con su cautivadora sonrisa y una taza de té, le entusiasma la idea de que en Mujer Dínamo hablemos con él, Boraj y sus nuevos proyectos.

¿Cómo y cuándo te reencontraste con la música?

Retomé en Segundo Medio, a través de la guitarra. Quise aprender a tocarla solo y entender este instrumento como una pieza de madera con cuerdas tensadas. A través de ese proceso conecté full con mis emociones. Tenía 14 y rápidamente empecé a componer; a los 16 años ya me planteaba hacer una banda.

¿Cuáles eran tus referentes?

En general, mi influencia llegó a través de la música de películas. Las sinfonías me fascinan y son hasta hoy lo que más me inspira. Nunca fui bueno para aprenderme los nombres de cantantes o autores, más bien escuchaba algo que me emocionaba y desde ahí conectaba para crear. Utilizaba la energía que encontraba fuera para crear algo nuevo.

Y ahora, a los 29, ¿qué te inspira para componer?

Vivo en una constante búsqueda de consciencia. Me mueve recolectar cosas de la realidad, estar abierto a encuentros, procesos internos, relaciones de amistad, de amor, miles de cosas son una fuente de inspiración y un aporte a la búsqueda de espiritualidad. Me siento ajeno a las categorizaciones formales, intento estar en un fluir donde, a veces, me tomo varios días para estar creando y otros donde estoy súper conectado con la actualidad.

¿Se hace difícil estar en un permanente estado de sensibilidad en tiempos donde prima la inmediatez en todo?

En un mundo tan conectado, la mente y el espíritu son como un músculo: cuando los ejercitas y desarrollas no paran. Por eso busco constantemente aprender, filosofar con el resto y meditar sobre mis procesos, enriquecerme de interacciones profundas. Trato de que todo lo que hago sea en esa búsqueda para seguir creciendo. Cuido no estar tan ajeno al mundo tampoco, por eso tengo un montón de proyectos para mantener el cable a tierra. Estoy partiendo un camino como solista, otro proyecto musical más dance-electrónico con otro músico, un emprendimiento relacionado a la industria creativa y asesoro a un senador para el desarrollo de políticas públicas, entre otras cosas.

Sales un poco del clásico formato de canciones que hablan del amor y desamor.

En general, los creadores hablamos de las emociones desde todos sus lugares y es algo que me fascina. Es un misterio cómo interpretamos la realidad a través de ellas. Personalmente comencé a tener momentos solitarios en la naturaleza y en esas conexiones cuerpo-naturaleza entendí ese ‘todo’ y tuve una necesidad extraordinaria de expresarlo. Pero las palabras me quedaban cortas, ahí encontré en las melodías y la música algo tremendamente terapéutico: a través de tonos, sonoridades, descubrías tu voz, tu cuerpo.

¿Cómo era ese proceso en la música?

Empecé a experimentar a través de la tecnología, puntualmente, instrumentos electrónicos. Me mantenía oculto en ese entonces, muy poca gente sabía que hacía música, era algo súper íntimo. Eran cosas sin mucha letra, más instrumentales con harta guitarra y melodía. Estaba en ese proceso y me acerqué a Nicolás Rosenberg, quien fue alguien súper trascendental. El realizaba música electrónica, lo llamé y le dije Estoy haciendo música también, exploremos algo juntos donde mezclemos lo acústico con lo eléctronico. Más tarde le comenté que pensaba formar una banda y juntos fundamos en 2015 el grupo Boraj.

Boraj: Francisco Ruiz-Tagle, Markmann, Pablo Chaparro y Arturo Zegers.

 

Dato fan, ¿por qué se llaman Boraj?

Es algo nada que ver (ríe). Yo no tenía Facebook y alguien me llama para decirme que busque a “Felipe Boraj”. Lo hice y descubrí que alguien estaba suplantando mi identidad, ¡había un perfil con fotos mías y todo! De ahí nace el nombre, no es muy romántico, pero ese es el origen.

¿Por qué formar una banda?

Estaba obsesionado con la idea de generar una orquesta, algo grande. Pasaron muchas personas que aportaron en ese camino, artistas increíbles con los que aprendí muchísimo y que ayudaron a la construcción del proyecto. Cuando fundamos Boraj era algo experimental, un proyecto donde queríamos que el mensaje de la naturaleza estuviera presente en el relato “concepto-conciencia”.

Ahora son un núcleo pequeño donde Francisco Ruiz-Tagle (bajista), Arturo Zegers (productor), Pablo Chaparro (baterista) y Nico Rosenberg dan vida al proyecto.

Ahí las cosas empezaron a fluir, la gente empezó a escucharlos y les fue bien “contra todo pronóstico”, como cuenta. Así el grupo empezó a moverse con un público fiel. Más tarde se fueron a recorrer Chile para grabar el primer disco larga duración, El animal. Se sumaron a varios festivales -Lollapalooza Santiago, SXSW USA, POP Montreal, Fluvial- mostrando su música de autor.

¿De qué hablan hoy tus letras?

De la conciencia y la conexión. Trato de elegir temáticas por canción, Boraj es un proyecto que me ayuda a conectarme con el cosmos, quienes somos y qué hacemos aquí. Esa es la gran pregunta y la búsqueda en mis proyectos, que voy aterrizando en cosas más puntuales como el miedo, el amor. También la crisis del hombre moderno, la alienación, porque nos encontramos en la era donde estamos conscientes de que vivimos en un sistema con muchas cosas que nos atrapan y encierran.

En ese contexto, ¿eres un hombre moderno?

Todos lo somos, vivimos en la era del deber ser. Tengo un gran quiebre ahí y en su momento fue un colapso. Por suerte ya pasé la etapa del odio por el sistema, ahora estoy en un período donde quiero que mis creaciones aporten, no un manifiesto de queja. El feedback ha sido muy lindo, porque aquellos que nos escuchan, en general, son personas que buscan aportar y buscan ir a la construcción y la armonía, no hacia el caos. Estoy intentando entender que las cosas que uno hace no son por casualidad. Esto sucede por algo y voy a crear desde ahí.

El pasado 24 de mayo lanzaron El animal, su primer disco. Debutó hasta con un documental, un verdadero viaje en el que la naturaleza fue la protagonista. Y no es exageración decir que la música que resultó es una travesía, literalmente.

“Viajamos de norte a sur. Grabamos el álbum en el desierto de Atacama. Después nos fuimos al extremo sur, a la Patagonia, recorriendo Puerto Natales, Torres del Paine, Punta Arenas, registrando algunos sintetizadores en esa ciudad. Pasamos también a la Araucanía”, relata.

El ejercicio de Boraj, según explica Felipe Markmann, era vivir lo que estábamos transmitiendo a través de la música y fluyó. Sin embargo, inicialmente el plan era grabar un disco con elementos del entorno y mezclarlos, pero el paisaje rompió sus esquemas, ya que los espacios y contextos cobraron otra forma: “Instalábamos los instrumentos y las canciones cambiaron completamente, más que grabar un disco fue la interpretación y la creación con un mensaje moldeado por la experiencia de hacerlo en la naturaleza, si ves el documental lo entenderás mejor”.

A ese registro audiovisual (míralo aquí) se sumó el clip de la canción No te pierdas cargo de la dupla de directores León & Cociña (Cristóbal León y Joaquín Cociña), los mismos de la premiada película en stop motion La Casa Lobo.

¿Esperabas que este trabajo cobrará tanta notoriedad?

Es hermoso. Cuando partimos con Boraj me decían: Haz más pop. Pero tenía el bichito de seguir adelante porque estaba conectado con lo que estaba realizando. Años más tarde, al tocar en Lollapalooza, o en bares, vemos a un público que se queda en silencio y se conecta 100 % con nuestra música y la cantan. Ahí nos dimos cuenta de que algo está pasando, la gente se identifica con nuestro discurso, aparecen caras que se vinculan con lo que decimos y nos llegan mensajes escritos preciosos en que nos cuentan que entienden exactamente lo que buscamos transmitir, incluso, en canciones instrumentales. Es magia.

¿Qué se viene con Boraj?

Estamos de gira este año por Chile y el próximo viajaremos por Latinoamérica y Europa. Hoy podemos ver donde nos escuchan y eso facilita las cosas. Además, planeamos el próximo disco, queremos grabarlo en el sur, en un barco… Quizás integrar sonidos de ballenas, mezclarlas…, estamos volando todavía.

¿Y planes personales como músico?

Estoy trabajando en ZEV, proyecto solista en donde me enfoco un poco más en mis propios procesos, su lírica es más íntima. Será un álbum de ocho canciones que viaja entre música electrónica, clásica y el hip hop. Es algo más al desnudo porque abordo el amor y el desapego, temas que en Boraj no toco mucho. Estoy feliz.

También está el plan de un dúo.

Sí, está el trabajo con Pablo Chaparro (baterista y compositor), aún en gestación. Se trata de algo más bailable, por eso exploramos música electrónica rítmica con harta influencia étnica, muy entretenido.

¿Y fuera del escenario?

Por último, estoy pronto a lanzar Albatros, una plataforma de divulgación de creadores en las más diversas disciplinas. La idea es generar espacios de colaboración, creación y networking. Es mi emprendimiento personal que en un inicio nace desde la arista musical junto a Francisco Ruiz Tagle y Arturo Zegers cuando creamos Discos Albatros para apoyar a nuestro proyecto Boraj. Con esta nueva identidad -de Albatros- busco generar una unión entre artes, ciencia y filosofía. Soy un gran fan de la colaboración y nos hace muy bien juntarnos para desarrollar cultura desde intereses diferentes.

Leonardo de la Cerda

Leonardo de la Cerda es productor de contenidos y comunicaciones, desde más de diez años vinculados al arte en todas sus disciplinas, conocido por sus videos y su acitva participación en la vida social santiaguina.

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