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COLUMNA

El derecho a cambiar de opinión

Por 3 Jun, 2019

¡Cómo nos cuesta abrirnos al cambio y defender nuestras nuevas opiniones! Todos los días nos pasa algo inesperado que nos lleva a modificar nuestra forma de pensar, pero, ya sea por censura o autocensura, nos es difícil sociabilizar esa plasticidad.

Hablemos de escucharnos y de vernos los unos a los otros.

Es importante ser un aporte en la sociedad, ya que así las cosas pueden ser mejores, asunto que a todos nos debiese interesar. Vivimos una sociedad de constantes cambios y, por lo mismo, es casi imposible mantenerse estáticos en nuestras formas de pensar, evaluarnos y evaluar a los demás, estilos de vida, de vestir, de consumir e, incluso, de amar. Variar la forma en que pensamos a lo largo de nuestras vidas, que además se extienden con expectativas de hasta los 80 años en el caso de Chile, es inevitable. Sin embargo, y al menos en nuestro país, exponer un cambio de opinión es mal visto e, incluso, castigado.

La gente puede “hacer bolsa” a un político, a un amigo o a su pareja cuando se enfrenta a su cambio de opinión. “Eres inconsecuente”, “eres contradictorio”, “te diste vuelta la chaqueta”. Quién no ha escuchado, largado o padecido alguna de estas expresiones.

Las circunstancias hacen que uno cambie y esa rigidez de evitarlo nos mete en una cárcel que impide la evolución personal y comunitaria.

A veces estamos tan enamorados de nuestras propias opiniones -y tentados por defenderlas a toda costa para ganar el punto-, que no vemos otras alternativas y no escuchamos pensamientos distintos.

Mi accidente ha sido un hito relevante en mi biografía para observar estos puntos de inflexibilidad. A partir de todo lo nuevo que he vivido, se me abrió una ventana que permanecía cerrada: la que me ha conectado con personas con capacidades diferentes que antes estaban sólo presentes como protagonistas de la Teletón, una vez al año, y a quienes hoy escucho y de quienes aprendo.

Los escenarios personales cambian en cuestión de segundos. Así me pasó a mí. Salir de la zona de rigidez me ha permitido adaptarme a mis nuevas circunstancias y limitaciones, también concentrarme en identificar qué de mi “yo” anterior ya no me sirve y debo dejar a atrás y qué es lo que debe acompañarme y brillar. Mutar emocionalmente, aceptar mis cambios físicos evidentes (antes podía caminar y hoy no), hacerme preguntas de las que a veces no tengo respuestas y me empujan a entrar en diálogo con otros, me ha permito filtrar la frustración y recargar mis energías.

Así como la vida cambia, lo exterior cambia. Yo he tenido que cambiar también, ponerme en la otra vereda, cambiar de opinión y de comportamiento en cosas tan mínimas como entender lo grave que es de usar un espacio reservado para personas con discapacidad, aunque sean minutos, y cómo eso es equivalente a arrebatarle sus derechos.

El estar abierta a que me hagan cambiar de opinión -con argumentos e información- es un ejercicio de respeto, apertura y empatía. Es validar al otro.

Bernardita Santa Cruz

Bernardita Santa Cruz tiene formación en Diseño y en su popular cuenta de Instagram pone su ojo en belleza, moda y estilo de vida. En Mujer Dínamo enfocará sus columnas en temas de inclusión.

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