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Entrevista

Sofía Calvo: “El problema no es de la ropa, es de esta sociedad enferma abusiva que nos ve como objeto”

Por 9 Dic, 2019

La autora del libro La Revolución de los Cuerpos habla sobre cómo ciertas prendas de vestir han permitido diferenciar posturas políticas del movimiento social actual, asegura que el Body Positive no es una apología al sobrepeso y explica por qué la industria de la moda no es realmente feminista.

Sofía Calvo: “El problema no es de la ropa, es de esta sociedad enferma abusiva que nos ve como objeto”

Hace 12 años, la periodista de Valparaíso Sofía Calvo fundó el blog de moda Quinta Trends, enfocado en la moda  latinoamericana de autor. Durante esa década, muchas cosas han pasado: aparecieron las redes sociales, el movimiento feminista agarró fuerza y masificación, debutaron Gigi, Bella, Kendall y, en paralelo, otras modelos de tallas grandes que impulsan el body positive.

¿Cómo ha repercutido todo eso en la moda? En su nuevo libro La revolución de los cuerpos, Sofía analiza la relación actual de esta millonaria industria con feminismo y diversidad. También habla de la ropa como herramienta de protesta, algo que ahora cobra mucho más sentido dado el panorama actual de Chile.

¿Qué papel ha tenido la ropa en estos 40 días de manifestaciones?

La ropa ha tenido un rol súper significativo, quizás no en un conjunto de vestuario específico, pero sí ha habido elementos de la indumentaria que han permitido diferenciar ciertas inquietudes o agendas específicas de la protesta, particularmente en la agenda feminista. Por ejemplo, uno ve los pañuelos verdes del aborto o el morado abordando la agenda feminista en general. Y también está la contraparte, como lo vimos con los chalecos amarillos, que marcan una diferencia no solamente de posición política sino que de respuesta frente a ciertas situaciones del estallido social.

La culpa no era mía, ni dónde estaba ni cómo vestía, dice la canción de Lastesis. ¿La ropa sigue siendo ocupada como justificación para un abuso sexual?

Lastesis han sido muy certeras en la manera en que lo han expuesto y masificado, pero lo que ellas están haciendo no es fruto de este momento en específico, sino que de una larga investigación que se adapta al contexto. Ellas están visibilizando y mostrando que a las mujeres siempre se nos está echando la culpa respecto al tema del abuso por una sociedad machista, donde los hombres siempre buscan tener el control sobre las mujer y a la ropa siempre se la ha convertido en un elemento provocador. En Estados Unidos hicieron una investigación de la ropa que llevaban quienes habían sido presas de un abuso o violación y ahí te das cuenta de que la ropa era cualquiera. Entonces, el problema no es de la ropa, es de esta sociedad enferma abusiva que nos ve como objeto que puede ser utilizado y violentado, casi con impunidad.

Muchas marcas se han sumado al feminismo con poleras con mensajes feministas y, a veces, puede ser sólo por moda. ¿Cómo saber si es algo honesto?

Lo más fácil es ver la continuidad del discurso. Te das cuenta que es gender washing (lavado de género) para vender o por temas de marketing, cuando ves que esto nace una temporada y para la próxima ya se olvidó. Cuando adviertes una continuidad en la manera en que es visibilizada la mujer en términos de referente, en tratar de generar una transparencia en la cadena de valor y particularmente en la cadena de producción para tratar eliminar o disminuir la posibilidad de que haya abusos hacia la mujer trabajadora. Cuando observas todo eso como parte de una estrategia, que tiene objetivos a largo plazo, puedes decir que esta marca efectivamente adscribe a una agenda feminista o dentro de su esencia como empresa tiene el enfoque de género. Si esto solamente lo vemos en una temporada o a través de una polera y después no nunca más nada, efectivamente, estamos hablando de un oportunismo asociado a una contingencia específica. Hoy es una de las cosas que más deberíamos tener en consideración, más aún porque somos unas de las principales destinatarias de la industria de la moda. Si nos llamamos feministas, tenemos que tener mucho más cuidado con lo que consumimos y a quién preferimos. Como menciono en el libro, en la industria de la moda el 75% de la mano de obra son mujeres. Entonces, si estamos apelando por ciertos derechos humanos que todavía nos son negados, ¿por qué vamos a desconocer los derechos de esas mujeres que están vistiéndonos?

¿Es poco feminista la industria de la moda?

Es una industria que se vende como feminista, pero yo creo que le cuesta mucho todavía tener un enfoque de género en sus bases. Lo mismo le pasa con el tema medioambiental, que ahora han tenido que asumirlo porque tenemos la emergencia en la cara. Es una industria que se cimienta bajo paradigmas empresariales totalmente masculinos, eso se puede ver en la cantidad de mujeres CEO de los grandes conglomerados y en la cantidad de diseñadoras que lideran casas de moda. Las mujeres somos parte, pero en el eslabón obrero, como trabajadoras de la industria, no como tomadoras de decisiones ni referentes principales. Obviamente existen excepciones como Coco Chanel, pero hoy día en el 2019, ¿cuántas mujeres que estén liderando el mundo de la moda uno puede reconocer de manera fácil? Muy pocas. Y de hecho, tener mujeres tampoco te asegura un enfoque de género, porque hay mujeres que no están interesadas en la agenda feminista, no creen en el feminismo y tienen una mirada bastante concordante con el establishment.

Lo han anunciado varios titulares a lo largo de los años, pero ¿se ha diversificado realmente la moda en cuanto a tallas?

Pasa lo mismo que con el feminismo. Hay una cierta tendencia asociada al marketing y a una respuesta a contingencias específicas que nos hace creer que la industria se está abriendo y diversificando. Pero como menciono en el libro,  es como una sillita musical: un día son las personas con discapacidad, al otro día las mujeres trans, pero el juego obliga que siempre haya una por delante y que esa persona se vaya para que después tome otra posición, que es la invisibilización. Entonces, la industria efectivamente va a generar un cambio de paradigma cuando no tengamos que etiquetar ni poner un titular cuando haya una mujer trans, mayor de 60, con discapacidad o de una talla mayor. Cuando yo no tenga que catalogar y no te tenga que decir Mira, ¡ellas existen!, es en ese minuto en que vamos a hablar de una inclusión real dentro de la industria. Ahora vemos una tendencia en que efectivamente se han abierto más, pero si te fijas, esos referentes igual calzan con ciertos patrones estéticos muy asociados a Europa o Norteamérica, a lo caucásico. Entonces, es una diversidad tramposa: yo te acepto, pero en la medida en que estés dentro de estos paradigmas de los que yo todavía no me puedo zafar. Cuando la diversidad rompa esos paradigmas y se instale sin necesidad de etiquetarla, significa que efectivamente la industria se convirtió en una inclusiva y diversa. El resto es un maquillaje que nos da la sensación de que estamos avanzando, pero que si lo ves en lo profundo, ese avance no es constante ni permanente. Obviamente hay marcas que sí están haciendo el esfuerzo, pero lamentablemente son la excepción que confirma la regla.

También las personas se están atreviendo a exigirle a las marcas que hagan ese esfuerzo, como por ejemplo a Victoria’s Secret que tuvo que cancelar su desfile.

Sí, la industria en la diversidad y enfoque de género no tiene ningún incentivo para cambiar, porque de la forma en la que ha estado haciendo las cosas le ha ido bien. Sin embargo, el incentivo se coloca en la medida que nosotros como personas nos empoderemos y les exijamos a las marcas que tengan este enfoque de diversidad, de género y de sustentabilidad. Estoy convencida –y tú misma lo dijiste con el ejemplo de Victoria’s Secret- que la ciudadanía tiene la capacidad de generar cambios en la industria de la moda, porque está ligada directamente a las personas y sobreviven en la medida que ellas consuman. En ese sentido, es súper importante que nosotros seamos mucho más conscientes en comprar y que a través de nuestras decisiones de compra empecemos a elegir marcas que efectivamente tengan o estén haciendo el esfuerzo de tener un enfoque de género y diversidad e inclusión a largo plazo, y también que empecemos a dejar de lado o denunciemos a quienes no lo están haciendo para que se sumen de manera estratégica y no solamente como lavado de imagen.

¿Cómo se logra el equilibrio en celebrar y aceptar todo tipo de cuerpos sin trivializar los peligros del sobrepeso?

Sin duda, la relación de salud con el cuerpo es un debate que se da permanentemente. Sin embargo ahí hay que ser súper cuidadoso porque el tamaño de tu cuerpo no te garantiza salud. Tú puedes ser muy delgada, tener un cuerpo súper aceptado desde los paradigmas actuales que tenemos como referentes estéticos, pero tener una pésima salud: estar desnutrida, tener índices de colesterol alto, etc. Por el otro lado, puedes tener un cuerpo grande, corpulento, que no responda a los paradigmas, quizás tener sobrepeso, pero sí tener tus índices equilibrados. Hablar de la salud y asociarla a un referente de cuerpo, en este momento que estamos viviendo es peligroso y complejo. Nadie que tenga una talla mayor te va a decir que necesariamente está cómoda con su cuerpo, porque permanentemente la gente critica y trivializa su cuerpo y lo transforma en un objeto. Cuando entiendas que la salud es más que la forma en que te ves, eso obliga a que tengas el cuidado de ti misma más allá del reflejo que proyectas en el espejo. Porque si tienes una mirada mucho más integral respecto a lo que es ser saludable, claramente va a haber un equilibrio, entendiendo que no todos los cuerpos son iguales. Hay que entender que la diversidad no significa que le digas a todos que quieres que sean como tú. Cuando la gente piensa que se está haciendo una apología a la obesidad… ¿por qué? ¿Acaso ella te está diciendo que comas, que seas como ella? Lo único que te está diciendo es que ella existe, que es persona, que necesita ser considerada como persona, respetada y visibilizada, porque aunque a ti no te guste, van a existir estas personas y no podemos meterlas en un cajón. Ese es el tema que tiene que ver con la palabra de moda: dignidad.

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