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ARTE

“No comulgaba con la idea donde se vende al artista en lugar de la obra”

Por 13 Nov, 2019

José Prieto Donoso estaba en la mira de la esquiva elite del arte local. Pero en vez de seguir el patrón convencional de ‘armar relaciones’ y crearse un personaje, agarró tintas para volcar su creatividad en un nuevo lienzo: la piel. Su obra hoy son los tatuajes.

En un paréntesis en una cafetería que podría estar en el centro de cualquier país me encuentro con José Prieto Donoso (@joseprietosdonoso, 34 años). A pocos metros los gritos de manifestantes y policías son nuestra música de fondo. Somos los únicos chilenos en el café y, antes de partir nuestra conversación, nos advierten que cerrarán las cortinas y quizás debamos quedarnos adentro.

Cuando estamos en medio de grandes estallidos sociales, son diversos los sectores en donde salen a luz las diferencias que cada vez están menos invisibles. El arte no es la excepción. Por eso hablamos con José Prieto Donoso, quien después de años dedicado a las artes visuales decidió hacer un quiebre, romper con convencionalismos y traducir su obra al oficio del tatuaje al que ya saltó hace un año en Fury Art Studio (https://www.furyart.cl/)

Hoy le cuenta a Mujer Dinamo la historia de cómo pasó del cerrado mundo del arte a expresarse en la piel de un otro.

¿Veías desigualdad cuando estabas inserto en la escena del arte ‘convencional’ santiaguino?

Desigualdad hay casi en todas partes. En el mundo del arte, por ejemplo, está presente en los contactos y accesos. Cuando estás en un lugar de privilegio y vives en una burbuja donde se concentra la gente que invierte en arte por gusto, esnobismo, inversión, etc. te encuentras con más oportunidades. Pero, para ser honesto, yo nunca me metí mucho en ese mundillo. No comulgaba con la idea donde se vende al artista en lugar de la obra misma.

¿Hoy se da más valor al artista?

De todas maneras. Actualmente tiene que ver mucho más con el artista en calidad de rockstar que con la obra de arte. Tal vez, está bien, porque se le da más valor a la investigación, no sólo al objeto, lo cual es positivo porque no se limita al arte con la forma. Casi jugando más en el reino de la filosofía que con el de la materia como medio. El “pero” es que muchas veces se empieza a dar más importancia a la firma que al trabajo y se pierde un poco el respeto al oficio, a la obra independiente de todo ese valor ligado al nombre/ego.

¿Y qué te pasaba cuando te tocaba jugar ese rol de ‘rockstar?

Por una parte, hay un lado más romántico que tiene que ver con el diálogo, el intercambio con los pares, Por otro estaba la arista más comercial, el lobby, el circuito. Personalmente, nunca comulgué con esto útimo, quizás pecando de Peter Pan. En mi opinión, salir con la idea de venderse, hablar con gente adecuada y seguir una carrera “tipo” para que se valorice tu obra no era de lo que debería tratarse. Para mí todo debería darse más orgánicamente, si tu trabajo es bueno y hay un espectador con quien se levanta esa conversación, eventualmente, la obra debería sostenerse por sí sola. Y sentía que muchas veces no era el caso.

¿Qué fue lo que te desencantó?

La falta de conexión entre esta manifestación del arte con el espectador común y corriente. Es casi como estar especializado en una lengua muerta. Mendigándole a la gente para que fueran a comer y a tomar gratis a tu exposición, sólo para ver como a esas pinturas -a las que le dedicaste meses de trabajo- se les prestaban un par de segundos para ir luego por la champaña. Todo bajo la idea de que el trabajo no fuera destinado para ellos, porque no saben de arte, cuando para mí es justamente todo lo contrario. Para mí el rol del artista es el de un ser cuya sensibilidad le permite dar cuenta de cosas que para el otro, tal vez, no son tan obvias, un develar misterios. Eso me embriagaba y siento que era la razón del trabajo. Pero, lamentablemente, al final era más predominante la idea de tu proyección como artista, si la obra cobraría valor con el tiempo, si era taquillera o si pegaba con tu living. Y eso me terminó por desmoralizar: andar haciendo malabares para levantar una exposición para gente “que le gustaba” tu trabajo, pero ellos no se presentaban simplemente por no estar en una galería de renombre…, aunque estuvieras en otra a pocos metros.

¿En ese momento llega el tatuaje?

Me quería tatuar con un tipo bien cotizado (Juan Pablo Sepúlveda @fury_ art). Así que fui a la convención de tatuajes Expo Piel, donde él iba a estar, me presenté, le conté que era pintor, le mostré mi trabajo y tuvimos mucha onda. Visité un par de estudios y me encantó la dinámica en que la gente se desnudaba -literal y figurativamente- frente a ti. Pasabas horas con ellos entablando conversaciones de forma mucho más recíproca. Encontré ese intercambio que buscaba y, más allá del arte impreso en la piel, me llamó la atención el carácter ritual y casi chamánico que guardaba el mundo del tatuaje: el ejercicio de imprimir un símbolo sobre el cuerpo. Toda esa magia me sedujo inmediatamente y desde el 2018 soy parte del estudio.

El equipo de Fury Art Studio

¿Qué encontraste en este mundo?

Encontré mi manada, mi gente, básicamente. Salir de una burbuja privilegiada con dinámicas mucho más competitivas, cuánto vales, cuánto tienes, el deber ser. Acá todo eso desaparece. Hoy tengo relaciones muchos más sanas que no vienen desde una aproximación discursiva y retórica, sino desde el amor, una conexión por compartir, aprender del otro mucho más libre de egos, mucho más alineado con mi frecuencia, mi onda. Pienso que Chile extraña eso: el sentimiento de colectivo, de sociedad. Es de lo mucho que rescato de toda esta contingencia que estamos viendo, gente ocupando las calles, cantando, protestando, activando los espacios de la ciudad. Una proximidad muy latente donde aparece otro. Estamos diseñados para convivir en manada, generando una fidelización y un compromiso entre las personas; algo que estaba bien dormido.

¿Qué pasa en esa intimidad al tener frente un cuerpo donde vas a imprimir una obra?

Mucha presión para hacer un buen trabajo y no cagarla… Aunque que tengas que estar por horas en las posiciones y contorsiones más insólitas, hay un compromiso por dar lo mejor de uno. Es muy demandante mental y físicamente, ya que puedes estar muchas horas creando esa ‘joyita’ que una persona llevará toda su vida.

¿Cómo se instala tu arte en ese trabajo?

Creo que aun tengo muy poco tiempo. Estoy agarrando bien al oficio, todavía estoy en pañales.

¿Qué viene?

“La vida es como una caja de bombones, nunca se sabe que sabor te tocará” (cita la famosa frase de Forrest Gump). Pero estoy pensando ir a Europa, quizás en Alemania o España y crecer allá. La gracia del tatuaje es que puedes desarrollarlo en cualquier parte.

Leonardo de la Cerda

Leonardo de la Cerda es productor de contenidos y comunicaciones, desde más de diez años vinculados al arte en todas sus disciplinas, conocido por sus videos y su acitva participación en la vida social santiaguina.

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