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CENTROAMÉRICA

De Ciudad de Panamá a San Blas: historia, shopping y playa

Por Belén Reyes 20 Feb, 2019

De fiestas con dj en taquilleros yates a noches de estrellas en una choza aborigen de los gunas. Sólo sorpresas te reciben en este país que es mucho más que un canal de paso de barcos. Hasta mediados de abril es la mejor época para explorar todo lo que ofrece Panamá. Todo el periplo de la bloguera de Saliendodeviaje.com (@saliendodeviaje) en la siguiente crónica.

De Ciudad de Panamá a San Blas: historia, shopping y playa Foto: Luis Quintero

Queda verano. ¡Un mes! Y por eso aparece un mar de ofertas para volar en marzo. En ese contexto, cuando me preguntan por un destino ‘rápido’, accesible al bolsillo, con ciudad y playas de arena azucarada y palmeras respondo al segundo: ¡Panamá!  Sí, porque en lo que dura el viaje en bus a Concepción (un poco más de seis horas), puedes estar aterrizando en ese destino con ‘relato’ y máximo placer.

En América Central, Panamá te invita a una oferta turística extensa y variada, que no exige mayor esfuerzo. Ideal para el descanso. Mi viaje a ese país lo enfoqué en dos etapas: Ciudad de Panamá y San Blas. Lugares muy distintos, pero que en conjunto me ofrecía una experiencia completa: historia, shopping y muchas playas paradisiacas.

Así llegué al Aeropuerto Internacional de Tocumen, desde donde partí directamente a Ciudad de Panamá. Maletas en hotel, lo primero que hice fue recorrer el casco antiguo de esta capital, como el Barrio San Felipe (protegido por la Unesco). Ahí el efecto de viaje en el tiempo es inmediato con sus calles que remontan a la época de la colonización española con edificios amurallados, una catedral imponente y que reúne a dos mundos, además de la solemnidad de la Plaza Bolívar con su escalinata y la Plaza V Centenario que mira cara a cara al Pacífico. Pasear por toda esta zonano es menor, si se piensa que los primeros asentamientos coloniales datan de inicios de 1.500.

Foto: Luis Quintero

Ineludible es el famoso Canal de Panamá. Hay que darse el tiempo, tomar un bus y estar en menos de media hora en el centro turístico. Una vez en destino vale la pena visitar el Museo Interoceánico (US$ 10) para revisar en detalle la construcción de esta obra maestra de infraestructura moderna que vincula pasado y presente. El dato más importante -y que reiteran todos los sitios de viajeros- es averiguar el horario de paso de los barcos. La experiencia es otra cuando se ve en vivo abrir y cerrar las esclusas.

De regreso a la ciudad puedes irte a una excusión urbana preferida por turistas: shopping. Tienes de todo y lo mejor es que es libre de impuestos. A confesar es que me volví un poco loca buscando la excusa perfecta para comprar; y luego de explorar recomiendo Albrook Mall, el recinto más grande y completo de su tipo en la ciudad. Otras opciones son Multiplaza Pacific -con sus marcas de lujo como Versace, Louis Vuitton, Armani, además de diseñadores locales- y Metromall, variado y cercano al aeropuerto.

Ciudad de Panamá vibra de noche. Y tiene clubes y bares para todo gusto. Me interesó ir al Bits Hard Rock Panamá, porque estaba en el piso 62 del Hotel Hard Rock y quería tener la panorámica de la ciudad con sus luces. Pero a diario la agenda incluye eventos entretenidos hasta fiestas con música en vivo en alguna embarcación, muy Miami style.

Foto: Miguel Bruna

Una vez cumplida todas las misiones citadinas, el objetivo fue ir tras el ansiado relax. Hacer nada en un lugar en el que tomar sol y nadar fuese la única preocupación. Nada de ruido ni fiestas. Y ese sitio fue San Blas, archipiélago compuesto por 365 islas –sólo 80 están habitadas- que son administradas por el pueblo indígena Guna Yala.

Antes de llegar, y como parte de mi habitual planificación, investigué y descubrí que en algunas islas muy pequeñas te podías quedar en una típica choza Guna, lo que me pareció la estadía ideal.

Para contratar todo antes de partir hice contacto con los coordinadores de hoteles y tours a través de correos electrónicos, los que me respondían una vez que tenían acceso a internet, ya que en el archipiélago por lo general no hay señal. Los precios son variados e incluyen todas las comidas del día, además de excursiones por las islas que no están habitadas.

Foto: Rocío Guillen

Este paraíso es opción de varios turistas, así que si se toman dichos planes regalaban el traslado desde tu hotel en Ciudad de Panamá hasta la isla elegida.

Parte del trayecto (específicamente 4 horas) se realizar en una camioneta 4×4 por un camino de alta complejidad. Luego tomas una embarcación guna hasta el hotel de la isla.

Mi elegida fue Isla Aguja, con un programa de tres días por US$ 550 para dos personas. ¿Qué incluía? cabaña privada (choza), tres comidas diarias, un paseo por día (una isla a elección), traslado en lancha ida y vuelta, traslado en vehículo desde y hacia la ciudad a Guna Yala, más todos los impuestos.

Aunque en el papel sonaba todo muy bien, la recepción fue bastante fría. Si te animas, te cuento -para que no te extrañes- que los gunas yala son personas muy distantes con los turistas. Hablan lo justo y necesario. Sin embargo, no falta con quien conversar, ya que al tratarse de una isla pequeña el día a día se da una especie de comunidad entre los viajeros. Con ellos compartí una copa de Mako (un Sauvignon Blanc de Maurizio Garibaldi que siempre llevo en mi maleta) y más de alguna comida que, por lo general, consistía en arroz de coco, pescado, un poco de ensalada y patacones.

Foto: Tom Mussak

Con sol o nubes (me tocaron varios días grises) siempre es agradable sumergirse en las tibias aguas y practicar snorkeling. Mi recomendación para descubrir la vida submarina es, sin duda, Isla Perro. Allí la gran diversidad de peces que se puedes observar y la belleza de su entorno natural es un recuerdo que te acompañará de por vida.

Y cuando los días de paraíso se acaban se puede repetir el viaje en embarcación y la 4×4 compartida con algunos gunas u optar -si te mareas un vuelo a El Porvenir por alrededor de US$ 150 que dura aproximadamente una hora.

Panamá lo tiene todo. Y ésta es la mejor fecha para explorar ese encantador país que limita al norte con el Mar Caribe y al sur con el Océano Pacífico, pues hasta mediados de abril se extiende la estación seca, que permite escapar de la lluvia tropical. Y todo en lo que demoraría un bus a Concepción.

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