Cerrar
Cerrar publicidad
Cerrar

PLATA EN JJ.OO.

A los 87 años, muere la gran atleta chilena Marlene Ahrens

Por Mujer Dínamo 18 Jun, 2020

Gracias a sus 50,38 metros en lanzamiento de jabalina en los Juegos de Melbourne de 1956 se transformó en la primera -y única- mujer del deporte nacional en llegar al medallero olímpico.

A los 87 años, muere la gran atleta chilena Marlene Ahrens

Con su 1,75 metro de estatura, impecable rubio peinado, concentración impenetrable, carrera a paso firme y gran sonrisa final Marlene Ahrens se convirtió en la imagen de triunfo para el deporte chileno por décadas. Su lanzamiento de jabalina de 50,38 metros la ubicó con la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Melbourne, Australia. Una postal en el deporte nacional con el que nos deja esta atleta, quien murió hoy, a los 87 años, de una falla cardíaca.

Hija de alemán y de una descendiente germana de Valparaíso, la vida de esta deportista siempre estuvo ligada al deporte. Antes de la jabalina y las zapatillas de clavo, ella destacaba en natación, hockey sobre césped y representaba al Club Manquehue en gimnasia y vóleibol, además de destacar en tenis y en equitación, la gran pasión de su vida. Así, ‘tarde’, llegó al atletismo.

Casi de manera anecdótica, cuando pololeaba, su futuro marido Jorge Ebensperger vio cómo tiraba las piedras al mar a mayor distancia que muchos deportistas en una improvisada competencia playera en Cachagua. No sólo la animó a que probara en la jabalina, él fue directamente a hablar con el entrenador del Club Manquehue para informarle del talento de su novia insistiéndole que la reclutara. En tiempo récord ya era figura nacional.

‘Entrenaba’ lanzando la jabalina en el campo de su papá en San Felipe. Mejoraba cada vez más. La dirigencia local la inscribió en el Sudamericano Sao Paulo de 1954 y allí clasificó -con récord de Chile- para los Juegos Olímpicos de Melbourne.

Cuando obtuvo la presea de plata en Australia su logro no sólo llegó a la prensa chilena, sino que también causó interés de los medios internacionales ya que Ahrens había sido madre el año anterior -de la conocida periodista Karin Ebensperger- y en pocos meses logró un alto nivel que la ubicó en el podio olímpico entre dos campeonas soviéticas dedicadas 100% a la jabalina.

Al volver a Chile bajó del avión como una estrella de Hollywood, entre flashes y la euforia nacional. Y siguió entregando triunfos al deporte nacional:

ganó medallas de oro en los Sudamericanos de Santiago 56, Montevideo 58, Lima 61 y Cali 63, además de los Panamericanos de Chicago 59 y Sao Paulo 63 y en el Iberoamericano de Madrid en 1962.

Por años dio lecciones de fortaleza y foco en objetivos deportivo, pese a inéditos traspiés en antes de torneos: compitió recién operada de un riñón, llegó enfocada al estadio después de una meningitis y superó un accidente en que la jabalina le atravesara la parte de atrás de su rodilla justo entre dos tendones (suerte divina que le permitió seguir con la camiseta de Chile).

Su paso épico por el atletismo no le restaron su amor incondicional por los caballos. El accidente en su rodilla la llevó a dedicarse a la equitación también de manera competitiva hasta el final de sus años, incluso, volviendo a la rueda internacional como representante nacional en 1995 en los Panamericanos de Mar del Plata. Y siguió montando de manera deportiva hasta 2012.

Marlene Ahrens también trabajó como dirigenta. Fue vicepresidencia del Comité Olímpico de Chile (COCh) entre 2000 y 2002, puesto al que renunció ante las irregularidades que presenció.

Sencilla, lo de ella era estar en movimiento. No hacer lobby. Su estrella la acompañaba con un palo de hockey, jabalina, raqueta, arriba de un caballo. Lo de Marlene era vivir a mil la emoción del juego.

 

Lo más reciente

cerrar