La ciudad más linda del mundo
Buenos Aires, con todas sus contradicciones, ha entendido algo esencial de la vida contemporánea: las ciudades compiten no solo por inversiones, turistas o talento, sino por imaginarios. Y en esa competencia, la autoestima importa. Importa cómo una comunidad se mira, cómo se nombra, cómo ocupa sus muros, sus calles y sus campañas. Importa si una reparación urbana se comunica como molestia o como parte de una ciudad que se quiere a sí misma.