Gabinete de José Antonio Kast: vírgenes y piratas
No es un gabinete de pesos pesados, aunque contenga algunos. Es, sobre todo, un ensayo, una prueba, una apuesta.
No es un gabinete de pesos pesados, aunque contenga algunos. Es, sobre todo, un ensayo, una prueba, una apuesta.
De Roger Waters hasta Greta Thunberg, pasando por Alfredo Castro o Manuel García, hay algo en los abajo firmantes que deja de ser solo torpeza para ser simple frivolidad. Una frivolidad que está manchada muchas veces de la sangre que denuncian en las manos de sus enemigos de casi siempre.
En este artículo, y a propósito de la crisis de Venezuela pero de muchas cosas más, nuestro columnista critica con fuerza a una forma muy específica de izquierda: la izquierda profesoral. Esa que prefiere una teoría elegante antes que un testimonio incómodo, reemplazando la democracia por la geopolítica y minimizando la corrupción, la tortura y la prensa clausurada.
Trump es cualquier cosa menos un tonto y cualquier cosa menos un bruto. No le importan, por cierto, los venezolanos, o los iraníes, o los cubanos, pero puede que les dé una libertad que gobiernos mejor intencionados no les dieron.
La izquierda que observo en redes piensa al revés: primero el antiimperialismo, luego la soberanía, después la no injerencia, y al final —si queda espacio— las personas. Como si el principio abstracto pesara más que los cuerpos. Como si los derechos humanos del tirano importaran más que los de sus víctimas.
A la hora de los brindis y las uvas, el presidente sabe que el próximo año no tendrá ningún trabajo estable. Pero sabe también que no tiene que ganarse la vida ni este año próximo ni en las próximas décadas.
Un Kast concertacionista es un sueño improbable que a ratos el propio José Antonio Kast deja acariciar, aunque es difícil olvidar que su vida política fue casi siempre una guerra abierta contra la Concertación en todas sus formas, políticas, culturales, simbólicas.
Tras la fenomenal derrota en las urnas y en las ideas, la izquierda hoy se revisa. Y, como hace mucho rato, el primer análisis viene desde Madrid, donde partió ese narcisismo fatal y esa energía crítica que dibujó a Chile como un país peor de lo que realmente era. En el origen de esa nueva izquierda estaba su fin. Su carácter mediático y universitario permitió crear imágenes y diagnósticos exitosos, pero no mayorías duraderas. De Pablo Iglesias a Boric, pasando por Petro, la nueva izquierda es esencialmente superficial, estética e histérica. Entretiene, pero no convence.
El Frente Amplio puede bien dejar de ser el Pepe Grillo de la sociedad chilena pero no puede dejar de ser una pregunta abierta que esta cuando se cierra sobre sus miedos necesita responder.
Ambos optaron por eslóganes inflados y fórmulas ya vistas mil veces. Los inmigrantes fueron tratados como muebles que se reubican. Los delincuentes, como residuos que deben barrerse bajo la alfombra.